Cristina Fernández de Kirchner volvió al centro de la escena política al asumir la presidencia del Partido Justicialista (PJ) a nivel nacional, en un intento de reordenar un peronismo golpeado por derrotas electorales, internas sin resolver y una creciente pérdida de representatividad social.
Cristina Fernández de Kirchner continúa siendo una figura central en la conducción del Partido Justicialista, pero su liderazgo expone con crudeza el estado de crisis, fragmentación y falta de renovación que atraviesa al peronismo bajo la órbita del kirchnerismo.
El Gobierno de Javier Milei transita el inicio de 2026 con un balance claramente dividido entre logros macroeconómicos y debilidades estructurales que siguen generando tensiones políticas y sociales.
La interna entre Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof atraviesa uno de sus momentos más delicados y profundos desde que el gobernador bonaerense llegó al poder.
El año 2026 se perfila como uno de los más complejos en la vida política y personal de Cristina Fernández de Kirchner. Lejos de cualquier intento de épica o victimización discursiva, la expresidenta enfrenta un escenario dominado por la Justicia, con consecuencias concretas que desmienten durante años el relato de la “persecución”.