“La Jefa de la Banda” está acostumbrada a salirse con la suya, incluso estando presa. Su mente oscura y malévola no logra reposar en el lugar más preciado al que aspira la humanidad: aquel donde reinan la aceptación, la resignación y la paz.
Axel Kicillof ya no disimula el hartazgo. Sin anuncios rimbombantes ni rupturas formales, el gobernador bonaerense avanza en un proceso silencioso pero firme de corrimiento de La Cámpora del centro del poder provincial.
La señora que protagonizó el robo al Estado y el fraude al pueblo más obsceno de la historia nacional no se resigna a soltar sus privilegios. De cada punta que va encontrando, se aferra bien fuerte para evitar su desaparición. Debajo suyo hay un precipicio, al cual le tiene pánico. Mientras hace equilibrio en la cornisa de su extinción política, toma todo lo que está a su alcance para hacerse notar. Incluso ridiculizarse bailando en el balcón en su condición de presidiaria con beneficio domiciliario.
Axel Kicillof suele ser presentado por sus defensores como un dirigente con vuelo propio, pero la realidad política muestra una dependencia estructural que resulta difícil de disimular.
El diputado nacional y presidente del PJ bonaerense, Máximo Kirchner, no se resigna a la inevitable extinción del kirchnerismo, la corriente fundada por sus padres, quienes debido a sus innumerables actos de corrupción y desaciertos políticos, no han logrado el anhelo mayor: perpetuarse en el poder.