Cristina Fernández de Kirchner atraviesa uno de los momentos de mayor fragilidad política desde que se erigió como jefa indiscutida del peronismo.
Javier Milei sigue dando que hablar, y no precisamente por sus logros como mandatario nacional, sino por protagonizar otro nuevo papelón durante su participación como invitado en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María realizado este fin de semana en Córdoba.
El peronismo atraviesa una nueva etapa de tensiones internas que vuelve a dejar al descubierto una realidad incómoda: lejos de la épica de la “unidad”, el movimiento está fragmentado y condicionado por el peso de un kirchnerismo que se resiste a soltar el control, aun cuando ya no logra ordenar ni convencer.
“La Jefa de la Banda” está acostumbrada a salirse con la suya, incluso estando presa. Su mente oscura y malévola no logra reposar en el lugar más preciado al que aspira la humanidad: aquel donde reinan la aceptación, la resignación y la paz.
Axel Kicillof ya no disimula el hartazgo. Sin anuncios rimbombantes ni rupturas formales, el gobernador bonaerense avanza en un proceso silencioso pero firme de corrimiento de La Cámpora del centro del poder provincial.
La señora que protagonizó el robo al Estado y el fraude al pueblo más obsceno de la historia nacional no se resigna a soltar sus privilegios. De cada punta que va encontrando, se aferra bien fuerte para evitar su desaparición. Debajo suyo hay un precipicio, al cual le tiene pánico. Mientras hace equilibrio en la cornisa de su extinción política, toma todo lo que está a su alcance para hacerse notar. Incluso ridiculizarse bailando en el balcón en su condición de presidiaria con beneficio domiciliario.