En el vértice del poder de la Casa Rosada hay un equilibrio que hoy chirría: Santiago Caputo, hasta hace poco uno de los operadores más influyentes del círculo de Javier Milei, aparece debilitado y a la espera de un veredicto político que todavía no se pronuncia en voz alta.
Del “hemos cometido errores” al “acá no ha pasado nada”. Entre esos dos títulos fluctúa el difuso discurso del Gobierno nacional, tras la aplastante derrota bonaerense en las urnas. Un golpazo que no le alcanzó a Javier Milei para levantar el teléfono y felicitar al gobernador, Axel Kicillof, como señal de respeto y gobernabilidad. Tampoco, para reformular medidas que calmen el malestar del electorado, que ya no está dispuesto a sacrificarse por una farsa.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof capitalizó el resultado de las elecciones legislativas del domingo 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, donde su espacio Fuerza Patria logró una victoria clara con cerca del 47 por ciento de los votos, dejando a La Libertad Avanza (LLA) en un distante segundo lugar con alrededor del 34 por ciento.
El Gobierno que iba a cambiar a la Argentina y barrer con la casta se metió solito en el pantano del que deberá salir antes de las elecciones del 26 de octubre, si insiste en proyectarse en el poder.
A comienzos de 2025 la Casa Rosada oficializó una reducción y reorganización de áreas mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que modificó la ley de ministerios.