La Libertad Avanza (LLA) atraviesa una nueva etapa de su vida política: la del poder y la reelección. Pero detrás del discurso de la “casta afuera” y la épica libertaria, el engranaje interno del oficialismo muestra un funcionamiento cada vez más cerrado, verticalista y dominado por un puñado de nombres.
La sociedad argentina sigue conmocionada por el caso de las tres chicas –una de ellas menor de edad- que fueron ejecutadas en el marco de una represalia narco, tras sufrir aberrantes torturas por parte de sus victimarios. Una banda de la mafia peruana que opera en el país con total libertad, en una demostración más de la prevalencia de un Estado ausente que deja a la población a merced de la narcocriminalidad, la delincuencia y la inseguridad brutal.
En el vértice del poder de la Casa Rosada hay un equilibrio que hoy chirría: Santiago Caputo, hasta hace poco uno de los operadores más influyentes del círculo de Javier Milei, aparece debilitado y a la espera de un veredicto político que todavía no se pronuncia en voz alta.
Del “hemos cometido errores” al “acá no ha pasado nada”. Entre esos dos títulos fluctúa el difuso discurso del Gobierno nacional, tras la aplastante derrota bonaerense en las urnas. Un golpazo que no le alcanzó a Javier Milei para levantar el teléfono y felicitar al gobernador, Axel Kicillof, como señal de respeto y gobernabilidad. Tampoco, para reformular medidas que calmen el malestar del electorado, que ya no está dispuesto a sacrificarse por una farsa.
El gobernador bonaerense Axel Kicillof capitalizó el resultado de las elecciones legislativas del domingo 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, donde su espacio Fuerza Patria logró una victoria clara con cerca del 47 por ciento de los votos, dejando a La Libertad Avanza (LLA) en un distante segundo lugar con alrededor del 34 por ciento.