La palabra saqueos, así, en plural, es más que una palabra maldita en la Argentina: es una realidad que hemos sufrido. Temida por muchos; deseada por otros; esa palabra suele reaparecer en la conversación colectiva a partir de fines de noviembre de cada año, desde hace más de dos décadas.
Tras los sorpresivos resultados de las PASO, que dejaron en situación de desconcierto al oficialismo y a la oposición amarilla, el escenario electoral de las Generales se perfila como un momento bisagra para la Argentina, siempre que se confirme la tendencia del domingo 13 de agosto en las urnas.
Nuevamente se volvió a exponer a los mayores analistas de opinión pública que realizaron encuestas preelectorales. Fueron muy pocas aquellas en dónde se mostraba al líder libertario Javier Milei como el vencedor, mientras que la inmensa mayoría se inclinaba por el alcalde porteño Horacio Rodríguez Larreta o la presidente en licencia de Propuesta Republicana (PRO), Patricia Bullrich.
A un suspiro de las PASO, momento crucial en el que emergerán las dos figuras que competirán por la Presidencia de la Nación, se intensifica la carnicería preelectoral en los medios de comunicación y también en las calles, donde la contaminación visual genera un impacto abrumador sobre la psiquis de tantos argentinos que están padeciendo la antesala de los comicios.
En su obra magistral Un país al margen de la ley, el reconocido abogado y filósofo argentino Carlos Nino analizó la pronunciada tendencia de los argentinos a no cumplir las leyes, señalando que este extendido desacato, que abarca desde la corrupción hasta la evasión de impuestos, no es inocuo sino que tiene costos para el desarrollo económico y la consolidación de la democracia en Argentina.