El consumo de pornografía y el acceso cada vez más temprano a este tipo de contenidos están modificando de manera profunda la forma en que los jóvenes viven la sexualidad.
Las vacaciones prometen relax, placer y tiempo compartido, pero para muchas parejas terminan produciendo el efecto inverso: menos intimidad y más distancia. Viajar con hijos, convivir veinticuatro horas y romper rutinas puede dejar al deseo en segundo plano y convertir el tiempo libre en una prueba para el vínculo.
El encuentro erótico no comienza únicamente en el momento del contacto físico o de la búsqueda directa de placer. Empieza mucho antes, cuando las fantasías, las ganas y las primeras sensaciones corporales anuncian el surgimiento del deseo.
Durante décadas, el orgasmo femenino fue un tema relegado al silencio, en contraste con la aceptación social del placer sexual masculino, incluso en debates vinculados a la virilidad o la disfunción eréctil. Sin embargo, los avances científicos y culturales de los últimos años permitieron ampliar el conocimiento sobre la anatomía del placer femenino y derribar prejuicios históricos.
El verano es sinónimo de descanso, viajes y cambios de rutina, pero también puede transformarse en una temporada crítica para el uso correcto de los métodos anticonceptivos. El calor extremo, los desplazamientos y los horarios irregulares aumentan el riesgo de olvidos o de una mala conservación de algunos métodos, disminuyendo su efectividad.
Una buena sesión de sexo podría tener beneficios que van más allá del placer y el bienestar emocional. Investigaciones científicas recientes señalan que la intimidad sexual puede acelerar la cicatrización de heridas, gracias a la liberación de oxitocina, una hormona clave en la reducción del estrés y la respuesta inmunológica.
Estados Unidos volvió a ubicarse en 2025 como el país con mayor consumo en plataformas digitales para adultos, al encabezar el gasto global dentro de OnlyFans.
El mito de que los opuestos se atraen está tan profundamente arraigado en los discursos sobre las relaciones que a menudo se percibe como respaldado por una base científica. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando en una pareja una persona prefiere no salir de la postura del misionero mientras la otra siente el deseo de explorar prácticas BDSM, que abarcan bondage, dominación-disciplina, sumisión-sadismo y masoquismo?
Los encuentros sexuales sin compromiso ganaron un lugar central en la vida afectiva de la Generación Z. La adrenalina del aquí y ahora, los acuerdos rápidos y sin etiquetas y la promesa de libertad parecen marcar el pulso de los vínculos juveniles. Sin embargo, detrás de la inmediatez también aparecen emociones intensas y contradictorias. Lo que para algunos significa autonomía y deseo, para otros se transforma en confusión, silencios y un golpe a la autoestima.
En un panorama audiovisual donde el erotismo suele quedar atrapado entre clichés o sobrentendidos, Sex, la película del cineasta noruego Dag Johan Haugerud, rompe el molde con una mirada íntima, adulta y profundamente provocadora sobre la sexualidad masculina contemporánea.
Una investigación publicada en la revista científica Plos One analizó las prácticas sexuales de 3.017 mujeres en Estados Unidos y propone tres términos específicos para describir técnicas relacionadas con el sexo anal que van más allá de la penetración tradicional.
Por la doctora Beatriz Literat (*)
Un reciente estudio divulgado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud de España revela que casi 7 de cada 10 jóvenes —entre 16 y 29 años— ha mantenido relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol al menos una vez en su vida. Además, un 28,6 por ciento afirma que lo hizo tras consumir otras sustancias como cannabis, cocaína, MDMA o popper, este fenómeno es llamado chemsex.
El llamado “sexo kink” gana terreno entre quienes buscan romper con la sexualidad tradicional y dejar atrás el modelo centrado solo en penetración, orgasmo y guiones previsibles. Según la psicóloga y sexóloga Gabriela Simone, este tipo de prácticas propone explorar sensaciones distintas, juegos de rol y estímulos fuera del “sexo vainilla”, siempre dentro de un marco de acuerdo y respeto mutuo.
La ciencia del cuerpo humano tiene estas rarezas maravillosas que mezclan biología, mito y un toque de desconcierto colectivo. El squirt —o eyaculación femenina— es uno de esos fenómenos que durante décadas estuvo rodeado de rumores, tabúes y explicaciones pseudocientíficas.