Tarzán salta del papel a la historia: el día en que la selva conquistó los diarios
El 7 de enero de 1929, los periódicos de Estados Unidos publicaron por primera vez la tira de Tarzán, un hito gráfico que nació al calor del enorme éxito de las novelas de Edgar Rice Burroughs, editadas desde 1914, y del impacto popular que ya habían generado sus versiones cinematográficas, tanto en el cine mudo como en el sonoro.
El personaje estaba instalado en el imaginario colectivo y el salto a la historieta terminó de consolidar su mito.
El encargado de darle forma fue el dibujante Harold Foster, quien asumió el desafío de adaptar la primera novela en tiras diarias compuestas por cinco viñetas de igual tamaño.
Ese esquema se mantuvo durante sesenta días consecutivos y permitió a los lectores seguir, en entregas breves pero constantes, las peripecias del joven criado entre monos, con un nivel de detalle y elegancia gráfica que llamó la atención desde las primeras publicaciones.
La serie apareció en numerosos diarios bajo el título “Tarzán de los monos”, ampliando de manera exponencial su difusión. Aunque Foster se alejó temporalmente del proyecto, regresó en 1931 y su vuelta marcó un salto de calidad que impulsó aún más la popularidad de la historieta, transformándola en una referencia obligada dentro del género de aventuras.
El impacto de la tira fue tan fuerte que Tarzán se convirtió rápidamente en un fenómeno transmedia. A las viñetas se sumaron nuevas películas, revistas y una amplia variedad de productos comerciales, mientras que el trazo de Foster estableció un modelo visual que influyó en generaciones de autores y lectores, dejando una marca duradera en el lenguaje del cómic.
Para el público urbano, aquellas tiras funcionaron como una puerta de entrada accesible a la novela original de 1914, convirtiendo la lectura en un espectáculo cotidiano que se renovaba cada mañana en el diario.
También acercaron la obra de Burroughs a lectores que quizá nunca habían tomado contacto con la literatura pulp, tendiendo un puente entre la narrativa popular y la cultura masiva del siglo veinte.
A 91 años de aquel debut, la figura de Harold Foster y su versión en viñetas de Tarzán siguen siendo objeto de análisis entre historiadores del cómic y coleccionistas.
Las tiras originales conservan un alto valor artístico y documental, como testimonio de una época en la que el diario era una ventana central al mundo y la historieta, un lenguaje poderoso para capturar la imaginación colectiva.








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