Belén Etchart fue una de las figuras más recordadas de Gran Hermano 2015, edición que marcó el regreso del reality a la televisión argentina. Con apenas 22 años, modelo y estudiante de teatro, conquistó al público con su bajo perfil y carisma, llegando a la final sin haber salido nunca de la casa. Obtuvo el tercer puesto.
Tras el programa, formó parte de campañas y obras teatrales en Mar del Plata y Carlos Paz, junto a figuras como Laurita Fernández y Fede Bal. Pero un conflicto laboral la alejó de los medios: “Me bajaron de una obra de un día para el otro, sin explicación. Fue muy turbio”, contó. Desde entonces, no volvió a hacer castings ni formación actoral.
En lugar de seguir en el espectáculo, Belén apostó por su faceta emprendedora y abrió un showroom de ropa, aprovechando que había estudiado Diseño de Indumentaria. Sin embargo, la pandemia afectó el negocio y marcó un punto de inflexión en su vida.
Con el correr de los años, se volcó a la fe cristiana y a la escritura. “La relación personal con Dios es día a día”, explicó en entrevistas. Desde chica escribe pensamientos y reflexiones, y esa actividad ganó un lugar central en su vida actual.
Aunque acumula más de 400 mil seguidores en Instagram, eligió alejarse de la exposición: en los últimos tres años solo publicó tres fotos y mantiene el total hermetismo sobre su vida privada y sentimental.








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