Pantallas calientes, camas frías: cómo el porno está cambiando la sexualidad en los jóvenes
El consumo de pornografía y el acceso cada vez más temprano a este tipo de contenidos están modificando de manera profunda la forma en que los jóvenes viven la sexualidad.
La influencia se refleja en la percepción del deseo, en las conductas íntimas, en la autoconfianza y en las expectativas afectivas. El dato que más llama la atención entre especialistas es la disminución del interés por las relaciones sexuales en pareja.
Cuando dicen que los jóvenes de hoy ya no cogen se refieren a esto pic.twitter.com/ja9dSs2PgT
— Atiendo boludos (@arribalaspalmas) January 28, 2025
Diversos sociólogos, sexólogos, ginecólogos y antropólogos que investigan los vínculos de la juventud española coinciden en que la generación actual prioriza otros aspectos identitarios por encima del sexo.
La psicóloga y sexóloga Ana Lombardía sostiene que, mientras para los milenials y los boomers la sexualidad representaba una conquista frente a sociedades más restrictivas, para la generación Z adquieren mayor relevancia cuestiones vinculadas al género y a la orientación sexual.
Una mirada similar aporta Bruna Álvarez, antropóloga y codirectora del grupo Afin de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Explica que durante las décadas de 1980 y 1990 se produjo una fuerte expansión de la libertad sexual, especialmente entre las mujeres, mientras que hoy existe una amplia oferta de actividades y estímulos que, sumados al estrés cotidiano, desplazan a la práctica sexual del centro de las relaciones de pareja, incluso en aquellas que proyectan formar una familia.
Este fenómeno también aparece en las consultas médicas. Ginecólogos observan a parejas jóvenes que manifiestan dificultades para lograr un embarazo, no por problemas clínicos sino por la baja frecuencia de relaciones durante los días fértiles.
Sin embargo, la menor presencia del sexo en la vida de pareja no implica una desexualización. Algunos investigadores hablan incluso de una juventud hipersexualizada.
La socióloga Olga Jiménez Rodríguez, del Centro de Investigación Social Aplicada de la Universidad de Málaga, señala que los jóvenes crecieron en una sociedad más secularizada, con mayor exposición al porno y actitudes más permisivas, lo que favorece inicios sexuales más tempranos y un mayor número de parejas a lo largo del tiempo.
Las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas muestran ese incremento en la cantidad de parejas sexuales, pero también una caída en la importancia que se le asigna al sexo para considerar satisfactoria la vida personal.
Álvarez define este escenario como una sexualidad menos íntima y más pública, atravesada por prácticas digitales como el envío de mensajes sexuales, las interacciones por redes sociales y el consumo habitual de pornografía.
Los especialistas advierten un aumento de la sexualidad individual y virtual, asociado al acceso muy temprano al porno, que suele producirse entre los 8 y 9 años, muchas veces de forma accidental a través de videojuegos o plataformas digitales.
Un informe internacional del grupo Lovehoney, elaborado a partir de encuestas a más de 8.000 personas en ocho países, indica que la masturbación es más frecuente entre jóvenes de 18 a 35 años que entre quienes tienen entre 35 y 45.
En España, cerca del 20 por ciento se masturba casi todos los días, algo más de un tercio lo hace varias veces por semana y menos del 10 por ciento declara no hacerlo nunca.
Esta práctica individual, estrechamente vinculada al consumo de porno, influye en la menor frecuencia del sexo en pareja.
Lombardía observa en consulta a jóvenes de entre 20 y 22 años que solo se estimulan con pornografía, lo que instala estándares irreales y una sexualidad de ficción que choca con la experiencia cotidiana.
Esto genera incomodidad frente al encuentro real, miedo al desempeño y ansiedad ante posibles fallas.
La especialista detecta un aumento del temor al rechazo y una mayor presión por cumplir expectativas. En los varones, el consumo temprano refuerza modelos de masculinidad asociados al rendimiento y al poder, mientras que en muchas mujeres aparece una tendencia a la hipersexualización para adaptarse a los roles que impone la industria pornográfica.
Álvarez y Jiménez advierten que esta socialización sexual también favorece una mayor diversidad de orientaciones y prácticas, incluidas algunas de riesgo, lo que ayuda a explicar el crecimiento de las infecciones de transmisión sexual reflejado en los registros sanitarios.
A estos factores se suman condicionantes estructurales que dificultan la vida sexual cotidiana. El principal es la emancipación tardía. Aunque los jóvenes inician su vida sexual antes, el hecho de continuar viviendo con sus padres limita la posibilidad de contar con espacios propios para sostener relaciones con regularidad.
Además, la inestabilidad emocional, la multiplicidad de opciones para conocer personas y el temor al compromiso reducen la cantidad de vínculos estables.
Lombardía agrega un elemento clave: la centralidad de la amistad. Según explica, muchas necesidades de conexión emocional y afectiva hoy se satisfacen dentro de los grupos de amigos, con quienes se comparte tiempo, proyectos y contención cotidiana, sin que necesariamente se busque una relación de pareja para cubrir esos vínculos.








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