Editorial
Un peronismo agrietado

¡Unidos triunfarán! Pero hoy están más que peleados

El peronismo cada vez más roto, y lleno de fisuras. (Dibujo: NOVA)

El peronismo atraviesa una nueva etapa de tensiones internas que vuelve a dejar al descubierto una realidad incómoda: lejos de la épica de la “unidad”, el movimiento está fragmentado y condicionado por el peso de un kirchnerismo que se resiste a soltar el control, aun cuando ya no logra ordenar ni convencer.

En los hechos, el peronismo no está unido. Lo que existe es una convivencia forzada entre sectores con intereses divergentes, sostenida más por el miedo a la disolución que por un proyecto común.

El kirchnerismo, con Cristina Fernández de Kirchner como figura simbólica pero cada vez menos gravitante, intenta mantener centralidad desde un relato agotado, mientras gobernadores, intendentes y dirigentes sindicales buscan despegarse de una marca que les resta votos en sus territorios.

La provincia de Buenos Aires expone con crudeza esta crisis. Allí, el intento de construir una conducción unificada choca contra internas permanentes, operaciones cruzadas y disputas por cargos.

El kirchnerismo insiste en imponer nombres y lógicas del pasado, aun cuando los resultados electorales recientes demostraron que ese esquema ya no garantiza competitividad. La consecuencia es un peronismo bonaerense empantanado, más preocupado por sus peleas internas que por ofrecer una alternativa creíble de poder.

En el plano nacional, el escenario es similar. Los gobernadores peronistas priorizan la gestión y la supervivencia política, marcando distancia de las decisiones y discursos del núcleo duro kirchnerista.

La Confederación General del Trabajo (CGT), por su parte, juega su propio partido: acompaña cuando conviene y se corre cuando el costo político es alto. No hay liderazgo claro ni hoja de ruta compartida.

La oposición al Gobierno de Javier Milei funciona como un pegamento circunstancial, pero no alcanza para tapar las grietas. Las fotos de unidad, las marchas y los comunicados conjuntos no logran disimular que el peronismo está unido solo para resistir, no para gobernar. Y en ese esquema, el kirchnerismo aparece más como un ancla que como un motor.

El problema de fondo es que el kirchnerismo sigue creyendo que el peronismo le pertenece, cuando en realidad se ha convertido en uno de los principales obstáculos para su renovación.

Mientras insista en conducir desde el pasado, el movimiento seguirá atrapado en una unidad ficticia, incapaz de reconstruirse y de ofrecer una alternativa real frente al oficialismo.

Lectores: 547

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: