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Parte 11

Doping positivo: el caso de Claudio Paul Caniggia

El caso ocurrido en Italia marcó un punto de quiebre en la carrera del delantero y condicionó decisiones clave en ciclos posteriores del seleccionado nacional. (Dibujo: NOVA)

Claudio Paul Caniggia atravesaba uno de los momentos más complejos de su carrera cuando, en marzo de 1993, se confirmó un resultado que sacudió al fútbol argentino. El delantero, que por entonces jugaba en la Roma de Italia, dio positivo por cocaína en un control antidoping realizado al término de un encuentro que su equipo jugó contra el Nápoli, el 21 de marzo de 1993, que resultó en empate 1 a 1.

La sanción, aplicada por la Federación Italiana de Fútbol, fue de 13 meses de inhabilitación, que por interposición de recursos de apelación se redujeron a ocho, lo que significó una interrupción abrupta de su actividad profesional en Europa. La noticia tuvo un fuerte impacto mediático en la Argentina, donde el delantero surgido en River era una figura central por su papel decisivo en el Mundial de Italia 1990.

La relación de Caniggia con el polvo blanco no era nueva. En marzo de 1990 el juez italiano Guido Papalla sobreseyó al jugador en el marco de una causa en la que se investigó su participación en fiestas sexuales que tuvieron lugar en Verona -mientras jugaba en club homónimo- en las que circulaba cocaína. El sobreseimiento del argentino se justificó porque la droga que se le encontró era para consumo personal.

Nótese lo siguiente: ese tramposo, sinvergüenza y cultor de un juego que es un insulto al fútbol lírico llamado Carlos Salvador Bilardo, lo llevó al Mundial a pesar de semejante antecedente. Como atenuante se puede mencionar que le comunicó a Diego Maradona su decisión de no convocarlo, pero terminó cediendo por presión del Diez, que también estaba en una etapa oscura de consumo.

La defensa del futbolista se limitó a reconocer que se drogó, pero no con fines deportivos y explicó el episodio como parte de un problema personal, el reglamento antidoping no contempló atenuantes. El castigo lo dejó fuera de competencia y lo obligó a un largo período de reconstrucción profesional y personal.

Tras cumplir la sanción, Caniggia logró regresar al primer plano. Alfio Basile volvió a convocarlo para la Selección argentina y el delantero respondió con goles determinantes en el Mundial de Estados Unidos 1994, confirmando que su potencia y desequilibrio seguían intactos pese al parate.

Sin embargo, el antecedente del doping positivo de 1993 tuvo consecuencias a largo plazo. Daniel Passarella, entrenador de la Selección durante el ciclo rumbo a Francia 1998, tomó el caso como un elemento central al momento de confeccionar la lista definitiva.

Fiel a su discurso de orden, disciplina y profesionalismo, como debe ser en un equipo que representa al país, el técnico decidió marginar a Caniggia del plantel mundialista, una determinación que generó polémica y fuertes debates en la opinión pública.

La exclusión del “Hijo del Viento” del Mundial 1998 -pese al buen nivel que por entonces tenía en Boca Juniors y que no reincidió en doping- fue interpretada por muchos como una sanción tardía, más simbólica que deportiva, que tuvo en el episodio de 1993 un argumento decisivo. Passarella nunca ocultó su postura: los antecedentes disciplinarios pesaban tanto como el rendimiento dentro de la cancha.

La excusa del Kaiser fue que el Hijo del Viento se negó a pasar por la peluquería -en ese equipo estaba prohibido el pelo largo- pero el mundillo de la pelota sabía que la AFA no quería otro caso positivo en un mundial, cuando todavía estaba fresco el recuero del episodio de Diego Maradona en Estados Unidos 1994.

El caso Caniggia quedó así instalado en el archivo del fútbol argentino como una historia de caída y regreso, pero también como ejemplo de cómo un episodio extradeportivo de la juventud puede condicionar decisiones años después.

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