La historia viviente
Ídolo xeneize

VIDEO | El día que Antonio Rattín debutó en la primera de Boca

Su figura se volvió parte de la identidad xeneize.

Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA

El domingo 9 de septiembre de 1956 debutó en primera un joven llamado Antonio Ubaldo Rattín, que por entonces tenía apenas 19 años. Ese día se calzó la camiseta de Boca Juniors para jugar un superclásico en la Bombonera, que su equipo ganó por 2-1.

Su estilo fue áspero, frontal, sin maquillaje. Un mediocampista de corte clásico, pero con una lectura del juego que lo volvía moderno. En ese partido, ya se intuía su vocación de líder, su manera de pisar el césped como quien pisa territorio propio. Ese 9 de septiembre del 56 Boca encontró un emblema, y el fútbol argentino, una figura que no se rendió ante el protocolo de los imperios.

Rattín fue mundialista con la Selección Argentina en Chile 1962, pero su nombre quedó grabado en Inglaterra 1966. En Wembley, protagonizó uno de los episodios más simbólicos del fútbol argentino: su expulsión ante el local, sin que el árbitro alemán Kreitlein entendiera una sola palabra de español, ni él supiera hablar alemán. Lo echaron por protestar con la mirada y él, en respuesta, se sentó sobre la alfombra roja destinada a la realeza británica.

Ese Mundial fue el más turbio de la historia. Argentina compartió grupo con España, Suiza y Alemania Federal. Dos triunfos -ante suizos y españoles- y un empate ante los germanos, pusieron a Argentina en cuartos de final.

El rival fue el local, que no podía perder de ninguna manera. El partido estuvo bajo sospecha desde antes de empezar porque para el sorteo de los árbitros de la ronda eliminatoria, a propósito se citó a los representantes sudamericanos -el otro era Uruguay- a un horario equivocado, cuando el resultado ya estaba puesto.

A Argentina le tocó un árbitro alemán para enfrentar a Inglaterra y a Uruguay, un inglés para jugar contra Alemania Federal. Todo terminó con la clasificación de los europeos y la eliminación de los rioplatenses.

Volviendo al trámite del partido, una protesta de Rattín fue mal interpretada por el referí, que lo invitó a retirarse. Al cabo de unos minutos de confusión, el argentino dejó la cancha, caminó por el borde y estrujó el banderín del corner que estaba decorado con la bandera británica.

Eso lo convirtió en blanco de los insultos del público, pero Rattín no respondió. Solamente se plantó en una alfombra real, y en ese gesto, el fútbol argentino encontró una metáfora de resistencia. Fue más que un partido: fue una escena simbólica, política y cultural.

Su carrera en Boca fue extensa. Jugó más de 380 partidos, marcó una veintena de goles, entre 1956 y 1970, además de ser capitán durante años y salir campeón seis veces y ser subcampeón de la Copa Libertadores 1963.

Pero más allá de los números, lo que queda es la impronta. Su figura se volvió parte de la identidad xeneize y líder de una Selección Argentina que no tuvo suerte, a pesar de haber sido campeón de la Copa de las Naciones, en 1964.

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