Perfiles Urbanos
Exclusivo de NOVA

Entrega y espíritu solidario: la cordobesa Lizcy Naya trabaja desde los 14 años, y siendo abuela, sigue adelante

Lizcy, en el centro, rodeada de su marido e hijos.
Lizcy acompañada de su casi eterno ladero Esteban.
Lizcy acompañada de su casi eterno ladero Esteban.
Durante un día del Niño, brindando comida, alegría y contención a quienes asisten al centro social Agustín Tosco.
Durante un día del Niño, brindando comida, alegría y contención a quienes asisten al centro social Agustín Tosco.
Jornada solidaria.
Jornada solidaria.
El espacio Marta Juárez, una referencia de trabajo social y militante en Córdoba.
El espacio Marta Juárez, una referencia de trabajo social y militante en Córdoba.
Una vida de entrega y trabajo solidario.
Una vida de entrega y trabajo solidario.

Lizcy Naya tiene 68 años y nació en Córdoba Capital, aunque cuando apenas era una bebé su madre la llevó a Catamarca donde recién volvió a buscarla cuando ya tenía 13 años.

Comenzando una nueva edición de Perfiles Urbanos de NOVA la protagonista de esta historia llena de fortaleza y vibra positiva expresó: "Me crío mi bisabuela, cuando mi madre me fue a buscar me encontré con que ya tenía otro hermano y fue muy difícil acostumbrarme recién de grande a tener una cocina y un piso de material porque me criaron en medio del campo con un fogón y piso de tierra".

“Fue difícil adaptarme a los hábitos de la ciudad. Sin embargo, a los 14 años logré terminar el primario que no lo había completado y empecé el secundario trabajando en casa de familia para costear los estudios. No tuve prácticamente vínculo con mi madre porque ella estuvo muy enferma de diabetes y toda esta experiencia me fortaleció para en la actualidad hacer todo lo posible para que a los chicos no les falte un plato de comida o un abrigo como a veces me sucedió a mí”, remarcó.

Luego, quien lleva adelante el centro comunitario Agustín Tosco, agregó: “En 1997 comencé a caminar el barrio y organizarme para darle comida y ayudar a los niños que siempre fueron mi debilidad porque yo no tuve padres y me crio cuando era muy grande mi bisabuela. En la pandemia les llevaba comida hasta la puerta de la casa a los que tenían Covid”.

Continuando con su relato, Lizcy comentó: “Cuando era niña en Catamarca a la siesta nos juntábamos a jugar con mis primos antes que se escondiera el sol porque no teníamos luz y jugábamos a la ronda, a la payana y a la rayuela, tuve una infancia muy sana. Nunca tuve una muñeca y jugábamos siempre juntos niñas y niños. Con mi madre nunca viví esas experiencias”.

Dejando en claro la fortaleza que forjó por la ausencia de sus padres, recordó: “A mi madre siempre le dije Gladys, nunca le pude decir mamá y a mi padre no lo conocí, ya fallecieron ambos. A pesar de que nunca me salió decirle mamá siempre la respete y la cuide en su momento de enfermedad”.

Trayendo a la charla costumbres del pasado que en menor medida suelen repetirse en barrios vulnerables la protagonista de esta entrevista contó lo que sucedió cuando era bebé: “Gladys me llevó a Catamarca porque trabajaba cama adentro en la casa de un doctor turco, luego de mucho tiempo ellos me lo contaron y cuándo a veces le preguntaba yo misma a ella la respuesta era, eso no te importa y en aquella época no se preguntaba mucho sobre estas cuestiones”.

Reflexionando la protagonista de esta película llena de fortaleza y coraje aclaró: “Luego de todas estas experiencias aprendí a valerme por mí misma, seguir mis metas, siempre busqué superarme. No recuerdo haber perdonado nunca a mi madre y siempre encontré la forma de salir adelante sin deprimirme, me endurecí”.

Sobre la persona que eligió para estar a su lado Lizcy comentó: “Se llama Esteban Montenegro, nos conocimos a los 14 años y cuando yo tenía 22 nos casamos, llevamos toda una vida juntos”.

La protagonista de esta historia, tan ejemplificadora como tenaz, no puede dejar de sentirse movilizada ante la necesidad de los niños y de los más vulnerables, y forma parte del espacio de Marta Juárez, una referencia de trabajo social y militante en Córdoba.

Sobre la estructura de su familia, agregó: “Tengo cinco hijos y diez nietos porque lamentablemente uno de ellos falleció a los 18 años por diabetes, en aquel momento la familia quedó destruida ".

Al profundizar la charla hablando de las acciones sociales del espacio Marta Juárez comentó: “La conocí en el año 1997 en las luchas por los que tenían hambre y les faltaba trabajo. Fue para mí una hermana/madre, ella falleció, pero me dejó de herencia su familia, amó a sus hijos. A Ezequiel lo considero como un hijo y sigo en las luchas a su lado”.

Mirando de frente el final del segmento de entrevistas clásico de cada domingo en NOVA con una entereza envidiable, quién es contención emocional de muchos desprotegidos expresó: “La vida sólo es posible si no bajamos los brazos, luchando por los otros, eso me llena el alma. Para el día del niño les pude cocinar a los chicos del centro pizza, panchos, donas y eso me hace muy feliz”.

Poniendo el broche final a esta descripción de momentos de hierro en tiempos difíciles y de poca empatía social Lizcy Naya cerró: “En distintos momentos el camino me obligó a ser fuerte sin perder nunca el sentido de solidaridad y responsabilidad y junto a mi marido siempre logramos sostener la familia. Voy a seguir brindando mi apoyo hasta que la vida me lo permita a todas las personas que asistan al Centro Agustín Tosco, ubicado en Calle la Tablada al 3574 de Villa Siburu o al espacio Marta Juárez”.

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