Crítica, el diario que le puso pólvora al periodismo argentino
Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA
El 15 de septiembre de 1913 -en una Buenos Aires que de a poco dejaba de ser aldea para asumir su destino de grandeza- apareció Crítica, una bomba periodística en formato de diario.
Lo fundó Natalio Félix Botana, uruguayo de nacimiento, argentino por vocación. Con él, el periodismo argentino dejó de ser un sermón de notables hombres del pensamiento para convertirse en un papel apto para todo tipo de lectores.
Convirtió al oficio de escribir para una minoría ilustrada en un grito de esquina, en espectáculo de masas. Tuvo mucho que ver con eso Salvadora Medina Onrubia, esposa de Botana.
Crítica fue el primer medio que entendió que la noticia informa, seduce, escandaliza y emociona, todo al mismo tiempo.
Desde sus titulares hasta sus crónicas policiales escritas como novelas negras, el diario convirtió todo lo que tocó en una forma de relato nacional.
La muerte, el crimen, el deporte y la política se mezclaban en sus páginas como si fueran habitantes de un conventillo de tinta.
En sus mejores años, Crítica era de los informativos más vendidos del país. El secreto de éxito era que detrás de cada edición había una maquinaria estética y narrativa que transformaba la realidad en algo digno de ser contado.
Botana entendía que el pueblo no quería leer, quería sentir la historia. Y para lograr esa epopeya periodística, los redactores de las secciones que justificaban la compra del diario tenían que tener calle, noche y picardía.
Pero Crítica no fue solamente para que el porteño promedio lo lea en la mesa de café. También fue una colección de plumas que apuntaba a los más cultos.
Por sus páginas pasaron escritores como Roberto Arlt, Raúl González Tuñón y Carlos de la Púa, que, sin urgencia pero con un irrenunciable compromiso con la literatura sublime, allí gestaron un manual de estilo que era capaz de juntar a la Biblia con el calefón.
Pero, como todo artefacto explosivo, Crítica también tuvo su precio. Nació de la mano de los conservadores, se opuso al campo nacional y popular y dio apoyo a la Revolución del 30, aunque luego se distanció.
Botana jugaba con fuego, y el país lo miraba arder. Su muerte en 1941 fue el principio del fin: sin su capitán, el diario perdió el alma y se apagó lentamente, pero sobrevivió a su fundador por espacio de 21 años.
Hoy Crítica sigue siendo una referencia y tema obligado entre los estudiantes de periodismo.
En tiempos de algoritmos y de inteligencia artificial, el legado de Botana sigue vigente para recordar que el periodismo tiene una estética difusa, que mezcla una fina tertulia con la calle, y que informar es interpelar al lector y darle herramientas para que pueda pensar mejor.








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