El 11 de septiembre de 1951, en Buenos Aires, nació Hugo Porta, el hombre que transformó el rugby argentino en una epopeya de talento, coraje y visión. No fue un jugador más, fue un hombre que dejó todo en cada partido que disputó con la camiseta argentina. Fuera de la cancha ejerció su profesión de arquitecto. Hoy está cumpliendo 74 años.
Porta brilló en Banco Nación, donde levantó los títulos de 1986 y 1989, pero su leyenda se forjó en Los Pumas. Su zurda tenía precisión quirúrgica y su lectura del juego era casi profética. En 1982, en Bloemfontein, anotó todos los puntos del combinado Sudamérica XV que venció a Sudáfrica, en plena era del apartheid.
Tres años después escribió otra página dorada: empate 21-21 ante los All Blacks en la cancha de Ferro. Él solo anotó todos los puntos argentinos. Ese día, el mundo del rugby dejó de mirar a la Argentina como un país emergente y empezó a verla como algo serio. Ese mismo año recibió el Olimpia de Oro, que lo consagró como el gran deportista nacional que fue.
Participó del primer Mundial de Rugby en 1987, cuando el torneo aún no tenía la pompa de hoy. Porta, con su andar sereno y su mirada de estratega, representó a los Pumas con dignidad y clase. No necesitaba gritar para liderar; bastaba con que tomara la pelota. Su sola presencia ordenaba el caos.
Pero lo suyo no terminó en la cancha. En 1991 fue designado como embajador argentino en Sudáfrica, llevando el respeto que supo ganarse en la cancha a las reuniones diplomáticas. En 1996 volvió al país para hacerse cargo de la Secretaría de Deportes de la Nación, hasta el final del mandato del presidente Carlos Menem.
En 1997 la World Rugby lo inmortalizó en su Salón de la Fama, donde solo entran los que cambiaron el juego. Porta no solo lo cambió, lo elevó y contagió su pasión por la ovalada a un país que vivió enamorado del fútbol, del boxeo y de automovilismo.
Hoy el rugby argentino vive una era profesional, con jugadores en las mejores ligas del mundo y presencia de Los Pumas en instancias decisivas en campeonatos mundiales, pero todo comenzó con un apertura de Banco Nación que soñó en grande. Cada 11 de septiembre, el rugby se detiene un instante para recordar que la magia tiene nombre y apellido: Hugo Porta.








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