Perfiles Urbanos
Exclusivo de NOVA

Tenacidad y coraje para jugársela por un modelo de construcción sostenible

Verónica Navas es porteña y de Palermo.
Junto a sus hijas Eva y Sol.
Junto a sus hijas Eva y Sol.
Una pequeña Verónica Navas festejando su cumpleaños.
Una pequeña Verónica Navas festejando su cumpleaños.
Luego de recibir su título universitario con una maqueta del complejo de viviendas sociales presentado.
Luego de recibir su título universitario con una maqueta del complejo de viviendas sociales presentado.
Viaje con la facultad a ver la obra del arquitecto Luis Roca quien hizo las peatonales de la ciudad de Córdoba.
Viaje con la facultad a ver la obra del arquitecto Luis Roca quien hizo las peatonales de la ciudad de Córdoba.

Verónica Navas es porteña y de Palermo pero representa una de tantas historias que le habla de un escape energético y decantan en la migración de la gran urbe a la tranquilidad de las sierras y el acostumbramiento es instantáneo pero su caso tiene ese plus de luchar por una arquitectura que respete el entorno natural y sea planificada de manera amplia y correcta.

Empezando el diálogo para una nueva edición de Perfiles Urbanos para NOVA, Verónica aclaró fiel a su sinceridad directa: “Soy hija única y de padres que fueron hijos únicos, viví con ellos hasta los 6 años que se separaron y me quedé con mi madre hasta los 19 cuando ella falleció”.

En plena Capital Federal y todavía sin mirar con cercanía a futuro un ambiente distinto para vivir la vida la golpeó: “La relación con mi padre siempre tuvo sus altibajos, pero en la enfermedad de su ex mujer, él estuvo muy presente y después también, y aunque me lo propuso, nunca quise vivir con papá”.

El dolor es parte de la vida y Vero, como la conocen todos sus cercanos, hoy en el Valle de Punilla lo siente al ser budista. Su profesión y educación le dieron creatividad e imaginación a aquel presente: “Un día mi padre me preguntó que me gustaba cuando estaba por entrar a la secundaria y yo le dije que las matemáticas y dibujar, entonces me respondió que tenía que ser arquitecta. Realicé los primeros tres años de la secundaria con la especialidad de electromecánica y luego como maestra mayor de obras, imaginate en los 90 una mujer en un colegio con esa violencia institucional”.

Pero el destino le jugó una buena pasada para enfrentar esta eterna problemática social de violencia de género: “Como soy terca como una mula fui para adelante de ese momento pero los profesores me miraban y me decían bajito ¿Vas a ser arquitecta?. Igualmente de primero a tercero tuve la suerte de que en el colegio fuimos una camada atípica de 11 mujeres en el aula, pero de cuarto hasta que finalice, la historia fue bastante distinta, todos te discriminan, pero yo siempre fuí muy estudiosa, abanderada en primaria y secundaria”.

Verónica trabajó de manera inmediata: “En una etapa me desempeñé como técnica de un estudio muy importante en Buenos Aires y realmente era difícil porque había mucha competencia. Luego dudé si cambiar mi carrera por diseño industrial pero cuando me dí cuenta que iba a hacer un millón de cosas iguales dije que no, como firme acuariana creativa”.

A los 31 llegó el momento de cambio tal vez más importante: “Fui madre por decisión con mi ex compañero Germán, a los 30 años ya habíamos decidido casarnos y queríamos la familia completa así que a los 31 nació Eva y me perdí la birra de la fiesta del casamiento”, expresó entre risas.

Luego, quién creció en su casa natal con un cuadro colgado de Eva Perón y abuelos militantes agregó: “Fue muy transformador ser madre, ahora había alguien que me estaba viendo y escuchando todo el tiempo y eso aumentó mi exigencia natural porque me convertí en ejemplo y quería ser perfecta. A los 36 nació Sol, y había que repartir el amor, claramente fue distinto porque estuve más relajada y como primeriza, aunque nunca tuve el deseo de ser madre sentía que Eva era mía”.

Casi sin querer pero realmente por causalidad, apareció en el sendero del progreso, que ya pasaba de ser personal a familiar, una alocada pero firme decisión que representa a los cambios drásticos de su antigua relación de pareja: “A los 36 nos vinimos a vivir a Estancia Vieja casi de rebote pero porque tenía que ser así. Necesitábamos un pedazo de tierra, lo veníamos sintiendo, principalmente Germán. Vinimos unas vacaciones a Córdoba, nos íbamos a quedar solamente dos días en la capital pero se nos rompió el auto y se estiró una semana. Nuestros anfitriones nos llevaron a una casa que ellos tenían y aunque nos bajamos en el colectivo en el ingreso al pueblo sintiendo ¿Dónde estamos? terminamos comprando nuestro terreno allí”.

Vero siguió con este representativo relato de migración Argentina: “De febrero a mayo decidimos que íbamos a vivir en Estancia Vieja y realmente cuando vinimos nos adaptamos súper rápido y con liviandad, las primeras vacaciones de invierno volví a Buenos Aires para visitar a mis amigas y retomé brotada”, claramente habían tomado la decisión correcta.

Retomando a su faceta profesional fue espontánea y transparente como le sale: “Antes de llegar a las sierras no tenía una mirada tan ambientalista de la arquitectura, en Buenos Aires había participado en tomas de terreno para asesorar a la gente con respecto a las medidas y demás cuestiones de desarrollo. Llegué a Córdoba con una visión utópica creyendo que, como era un pueblo chico, íbamos a poder dialogar entre todos discutiendo las decisiones”, y la realidad Argentina hizo lo suyo.

Continuando con esta edición especial para Agencia NOVA comentó: “Me gusta crear escenarios para la vida cotidiana. Creo que hay que conocer para poder amar lo que se hace y en consecuencia, para respetarlo, pero la realidad es que de cada proyecto de construcción particular, es que la gente llega con muy poca plata y energía y lo último que mira es su jardín, yo estoy tratando de incentivar eso, es un desafío que todavía no logró solucionar, tal vez termine trabajando en countries y no sería lo óptimo pero me estoy amigando”.

Acariciando lentamente el final, con un espíritu alegre pegado por inercia a la charla, Vero expresó: “Charlando con mi hija menor sobre el propósito de la vida llegamos a una conclusión, hay dos, una es aprender y la otra disfrutar”.

Al consultarle cómo se vincula con el mundo espiritual y finalizando esta amena pero evolutiva charla Verónica Navas cerró: “Soy budista y me atrae la concepción que nos explica la búsqueda de la revolución humana a través de la revolución personal porque es el único campo donde tenemos control”.

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