La historia viviente
Figura emblemática

VIDEO | José María Muñoz, el relator de la dictadura

Muñoz quedó dividido entre la nostalgia y la crítica.

Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA

El 25 de agosto de 1924 nació José María Muñoz, figura emblemática de la radiofonía argentina y voz omnipresente del deporte nacional durante décadas.

Dueño de un estilo único e irrepetible, inventó una forma de narrar los partidos de futbol por radio, pero no se limitó a dibujar pinturas de la emoción para aquellos que solamente podían asistir a la cancha a través de la magia de la transmisión.

En la semana hacía escuela de periodismo en “La Oral Deportiva”, transmitido por la histórica Radio Rivadavia, emisora de la que fue director de deportes desde 1958 hasta su muerte.

De a poco el "Gordo" se convirtió en un ritual cotidiano para millones de oyentes, que vivieron el fútbol como pasión popular, aumentada por la impronta personal que Muñoz le daba al programa.

Pero detrás del relato vibrante, también hubo un oscuro contexto político que usó a Muñoz para legitimarse a través de su extraordinaria influencia.

Durante el Mundial 1978 Muñoz fue el vocero emocional de la dictadura y el que se peleó con el popular Clemente, por la cuestión de los papelitos que el personaje dibujado por Caloi en la contratapa de Clarín pedía arrojar a modo de apoyo a nuestra Selección.

Argentina se consagró campeona por primera vez y el país entero salió a festejarlo en las calles, cosa que el relator alentó desde el micrófono. Lo mismo hizo un año después, cuando la Sub 20 de Diego Maradona ganó el mundial juvenil en Tokio.

Esa misma mañana que los pibes vencían en la final a la Unión Soviética, representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos estaban en el centro porteño, levantando denuncias por desaparición forzada de personas.

La voz de Muñoz y el silbato policial arengaron a los que salieron a festejar el éxito deportivo para que vayan "a mostrarle a esos señores de la Comisión la verdadera cara de nuestro país". Eran los tiempos de "Los argentinos somos derechos y humanos".

Mientras en los centros clandestinos se torturaba y desaparecía, en los estadios se cantaba el himno y se gritaban goles con la voz del “Gordo” como banda sonora. Su relato no solo narraba jugadas, sino que construía una épica nacional que ocultaba el terror.

La figura de Muñoz encarna una contradicción profunda: fue amado por el pueblo, pero funcional al poder. Su estilo popular, su cercanía con el oyente común, y su capacidad para emocionar, lo convirtieron en un ícono. Pero esa misma potencia comunicacional fue utilizada para blindar el discurso oficial de los años de plomo.

No se trata de juzgar con el diario del lunes, sino de entender lo que le tocó ser en ese momento. En verdad, lo que fue buena parte del país que respiró aliviada con el golpe del 76, porque también está claro que con los problemas que había en esa época, apoyar un quiebre institucional no significa -en modo alguno- avalar el horror que vino después.

Ser la voz de la dictadura no le impidió seguir trabajando en lo que amaba luego del retorno de la democracia. De hecho, el mundial 86 fue relatado por los dos grandes que tuvo el fútbol por radio: José María Muñoz y Víctor Hugo Morales.

Tras su muerte, el 14 de octubre de 1992, el recuerdo de Muñoz quedó dividido entre la nostalgia y la crítica. Su público le fue fiel hasta el día de su muerte, pero más de uno no le perdonó haber estado cuando muchos no podían.

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