Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga, Enzo Brado y el diputado con un hermano violador

Martín Vestiga, un periodista honesto, y Enzo Brado, un colega de dudosa reputación. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Dos por tres se encuentra con Enzo Brado, un colega de dudosa reputación, quien recibe dinero en sobres a cuatro manos, pero que le pasa jugosa información.

Martín Vestiga llegó al Café “La Pluma Viajera” con su libreta y esa mirada de periodista curtido que todo lo ve. Se acomodó en una mesa junto a la ventana, pidió un cortado (“solo, que la cafeína no perdone”) y empezó a revisar el manuscrito de su próxima columna.

De pronto, sintió una sombra a su costado: era Enzo Brado, operador político de eterna chaqueta arrugada y mirada de “sé más de lo que aparento”.

— Martín Vestiga, maestro. — susurró Enzo Brado, como si el café fuera un búnker de espionaje. — Tengo data fresca, pero ojo: puede arder el asado en cualquier momento.

Martín Vestiga alzó una ceja y cerró su libreta con discreción.

— ¿Data de la buena o de la que te hace dudar si pedirme un cortado extra para el susto? — Preguntó, sin perder la gracia.

Enzo Brado se acomodó la corbata fuera de lugar y, mirando a todos lados como si el mismísimo Clarín lo estuviera espiando, empezó a contar la versión (más bien boceto) sobre Manuel Quintar, dipu­tado nacional con una biografía más enredada que los cables de un cargador de celular viejo.

— Escuché que el hermano de Quintar está al caer con un lío grave, algo así como violación. — Balbuceó Enzo Brado. — No estoy seguro al cien por cien, quizás me confundí con una novela policial de la tele, pero hay murmullos de que el expediente va a estallar justo antes de las elecciones. Imaginate el susto en el bunker: “¡Pará, que no pase ahora!”.

Martín Vestiga arqueó la ceja derecha y sacó su bolígrafo. Hace rato que aprendió a tomar rumores con una cucharita de café: ni muy adentro, ni del todo afuera.

— Resulta que Manuel fue ladero de Milagro Sala en sus tiempos de gloria. Lo sacaron de ahí más rápido que un tuit polémico. — Continuó Enzo Brado. — Después, lo que sobró de esa sociedad terminó en denuncias cruzadas y chismes de pasillo.

En ese momento, en la mesa de al lado una señora estornudó tan fuerte que pareció protestar política. Martín Vestiga aprovechó ese instante para anotar “Milagro Sala + Quintar = ex hermanitos de ruta”.

— Y ojo. — Enfatizó Enzo Brado, bajando la voz como si hubiese agentes de la AFIP escuchándolo— La clínica de Quintar tuvo líos de sanidad, denuncias de facturación inflada y pijoteadas varias. Dicen que los pacientes salían con más vueltas que en un tobogán y con la factura lista para pagar hasta el aire que respiraron.

Con una mueca, Martín Vestiga imaginó a Quintar explicándole a un paciente: “No se preocupe, señor, acá le cobramos hasta el oxígeno que exhaló”. Anotó: “Verificar inspecciones sanitarias y denuncias en el Colegio de Médicos”.

— Para rematar. — Siguió Enzo Brado, haciendo un gesto teatral. — Quintar se hace el moderno, dice que es “más línea Santiago Caputo”. Pero te cuento algo: Caputo no confía en él ni para prestarle el clip del tacho de basura. Lo ven como un garca de manual, y ojo que Caputo saca sus garcas en oferta.

Con un dejo de sarcasmo, Martín Vestiga apuntó: “¿Más línea Caputo pero de calidad dudosa? Consultar rating de confiabilidad política”.

Cuando Enzo Brado terminó su relato, se encogió de hombros y lo invitó a tomar el humo del café. — “Metafórico”, aclaró.

— Todo esto está en el terreno de lo “no confirmado”, viste cómo es la milonga. En un rato chequeo bien y te paso documentos, si querés dale una vuelta en tu columna de mañana.

Martín Vestiga asintió con solemnidad fingida, se puso las gafas y levantó la vista para mirar a su interlocutor.

— Enzo Brado, si confirmamos todo esto con papeles, será la bomba. Y si no, al final termino escribiendo una crónica sobre el rumor que más suena en Espionópolis… Digo, en la política local.

El operador sonrió pícaro, se levantó y se despidió con un “nos leemos en el escándalo”, dejando a Martín Vestiga recostado en la silla, reflexionando si debería pedir un segundo cortado… O directamente un triple espresso.

Al final, el periodista volvió a abrir su libreta y escribió el título provisional: “Quintar, entre Milagro, facturas infladas y un hermano que emerge de incógnito”. Con una última mirada a la puerta. — Por si aparecía algún funcionario desesperado. — Se sirvió otro cortado y empezó a teclear: “Estimado lector, hoy le traigo un combo de rumores que ni Netflix se animó a publicar…”.

Y así, con humor y precaución, comenzó a armar un rompecabezas donde cada pieza dependía de la fuente menos fiable de todas: Enzo Brado.

¡Saca la mano, Antonio, que mamá está en la cocina!

Dale un beso a Lupita, que tu mami no nos mira

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