Perfiles Urbanos
Exclusivo de NOVA

VIDEO | Lorena Cervellini, el relato de la cordobesa que vivió "con el corazón en la mano" pero sin miedo a la muerte

Con su familia, Juan Pablo Stella, el marido y sus hijos Tomás y Nicolás.
La vida de Lorena Cervelli es, para quienes la conocen, un ejemplo para cientos de personas por su fortaleza, poder interior y transformación a pura resiliencia innata.
La vida de Lorena Cervelli es, para quienes la conocen, un ejemplo para cientos de personas por su fortaleza, poder interior y transformación a pura resiliencia innata.
Junto a su gran compañero en la cola de la novia del dique San Roque.
Junto a su gran compañero en la cola de la novia del dique San Roque.
El grupo de amigos y artistas que estuvo en las buenas y en las malas.
El grupo de amigos y artistas que estuvo en las buenas y en las malas.

El Perfil Urbano NOVA de este domingo es realmente especial, ya que la historia de vida que representa la protagonista será un mensaje ejemplificador para cientos de personas por su fortaleza, poder interior y transformación a pura resiliencia innata.

Lorena Cervellini hoy puede trabajar y llevar una vida normal, pero cuando apenas era una adolescente, el destino puso una piedra como obstáculo para su supervivencia.

"Vengo de una familia numerosa, soy originaria de Tanti con mucho orgullo. Mi padre era muy conocido en el pueblo y trabajaba en EPEC, y mi madre era ama de casa, nacida en Villa Carlos Paz. Fui madre de Nicolás a los 19 años y prácticamente no llegué a tener trabajos, pero sí estudiaba para ser maestra jardinera, ya que me considero una persona muy curiosa, que siempre quiere estar aprendiendo algo nuevo".

Luego agregó: "Tuve un jardín que se llamaba Pitufitos; luego, por un tiempo, dimos clases en el club de la localidad, dándole utilidad a los horarios en que no había actividades deportivas".

"Cuando nació mi segundo hijo, Tomás, mientras yo le cambiaba los pañales y llevaba una vida totalmente normal, recuerdo que ese día estaba sola con mis dos pequeños en casa porque mi actual marido estaba trabajando y llegó la primera descompensación", agregó.

La pareja y padre de sus dos hijos desde hace más de 30 años es el reconocido periodista deportivo cordobés Juan Pablo Stella. Sobre aquel día que cambió su vida para siempre, recordó: "Hasta aquel momento iba a trabajar caminando, atendía a mis dos hijos con todo lo que eso implica y llevaba una vida de ama de casa como muchas".

"Ese día había estado cortando el pasto hasta que me comencé a sentir mal y llamé a un médico de Tanti. Ese doctor solo me dio unas gotitas porque, según él, era el hígado. Luego volvió mi esposo, se quedó con los nenes y, como yo la pasé muy mal esa noche, le pedí que me llevara con mi madre, que conocía a un cardiólogo, y fuimos".

A continuación, Lorena expresó: "Cuando llegamos al cardiólogo, que era primo de mi papá, apenas me puso el tensiómetro, me dijo que tenían que internarme en terapia intensiva. Yo no entendía nada, pero recuerdo sus palabras textuales: ‘No tenemos tiempo de esperar una ambulancia, tenés que subirte al auto e ir a una clínica ya’, que fue la San Roque de Villa Carlos Paz".

Cuando uno vive en el interior del interior, estas urgencias médicas se convierten en una odisea y en momentos en los que es muy difícil pensar con claridad y accionar. Mil trabas, como mutuales, papeles, movilidad y servicios médicos confiables disponibles, traban el ya difícil de por sí camino.

Viajando en el tiempo a su último recuerdo en aquel sanatorio, con una entereza envidiable, Lorena declaró: “Solo sé que cuando llegué me acostaron en una cama, me dijeron que tenía una arritmia fulminante que era la muerte súbita y el médico se había olvidado de un papel que lo notificó de una reunión en Córdoba Capital. Estaba ahí de milagro y me salvó la vida".

Aclarando cómo fue aquel viaje en auto hacia la clínica, Lorena expresó: “Nada más pude actuar desde el shock y yendo con todo lo que la situación implicaba, casi de manera automática”.

Y la situación clínica recién comenzaba: "Luego de una semana internada sin que pudieran estabilizarme, por contactos y favores de amigos, pude empezar a tratarme en el Instituto Modelo de Cardiología".

Ya en aquel instituto médico de buena reputación en Córdoba, comenzó otra fuerte etapa de lucha para vencer las dificultades de su propio corazón: "Mi vida cambió totalmente, ya no podía hacer la mayoría de las acciones cotidianas que antes realizaba con normalidad. Todo era más difícil, pero en el Instituto Modelo de Cardiología primero apareció el doctor Serra y luego el que hasta hoy día sigue siendo mi médico de cabecera, y le agradezco eternamente, el doctor Zelaya".

Hoy, después de años de batallas e idas y vueltas, e incluso de un trasplante cardíaco en un contexto clínico raro, Lorena puede llevar una vida de emprendedora con su propia confitería y panadería al frente de la plaza principal de Tanti.

Desde que llegó a aquel conocido sanatorio, las escaleras de su desafío cotidiano eran cada vez más altas: "Estuve tres meses allí antes de volver a mi casa y los especialistas decidieron que lo mejor era hacerme una cirugía para ponerme un cardiodesfibrilador. En total fueron 17 años de idas y vueltas con varios viajes de urgencia, miedos y nervios".

Más allá del cambio en su vida diaria y, como consecuencia y a la vez para el apoyo fundamental que Lorena necesitaba, pudo experimentar una mejora: "Si bien mi día a día era todo el tiempo ir probando, tuve varios años de una mejor calidad".

Sin embargo, luego de esos años, una vez más, el decaimiento corporal general y la falta de energía volvieron a hacerse presentes y, ahora, la única solución era un trasplante.

Al recordar los momentos previos a la internación para la posterior entrada al quirófano para una cirugía de alta complejidad, esta guerrera que hoy protagoniza la sección de Perfiles Urbanos comentó: "Realmente me tomaba todo con tanta naturalidad, dialogando con enfermeras y médicos de cualquier otro tema, que sinceramente nunca le tuve miedo a la muerte. Tomaba todo con calma, pero sabía que tenía que hacerlo y volver".

"Estaba tranquila de haber hecho todo lo humanamente posible para recuperarme y solo pensaba en ver a mis hijos crecer y tener nietos".

Buscando en el fluido y sentido diálogo de la entrevista la fuente de alimentación energética para la fortaleza de Lorena en aquellos momentos tan difíciles, recalcó: "El mundo espiritual me ayudó muchísimo. Recurrí a biodecodificación y otras alternativas, y creo que eso fue fundamental para poder tener calma y tomarme todo de una manera natural en los momentos más difíciles, tanto yo adentro, todas las veces que estuve internada, como mi marido afuera del hospital. Creamos vínculos humanos muy fuertes y eso seguramente fue una de las claves, por supuesto, sostenida por la unión familiar".

Es muy importante resaltar que la capacidad de resiliencia innata y adquirida la llevó, por ejemplo, a acudir muy poco a terapia, lo que realmente revaloriza mucho más el increíble logro.

Sobre el trasplante, aclaró: "A finales de agosto del año 2019 tuve un síncope en mi casa. Luego vino la operación del trasplante, estando en lista de espera con todo lo que eso significa, y en noviembre recién volví a mi casa".

"Salí del Hospital Modelo de Cardiología luego de estar conectada a una máquina durante 8 días. Me despidieron con lágrimas en los ojos todo el equipo médico, porque se iba la paciente que habían tratado tantos años, hacia el hospital privado donde me podían trasplantar".

"Esperando contra reloj, conectada a otra máquina ya en ese nosocomio, con la llegada del corazón vino la operación del trasplante", continuó relatando.

Llegando al final de esta ejemplificadora entrevista, expresó: "Les dije a mis hijos la última vez que los vi antes de la operación que todo iba a estar bien, aunque por dentro fue un momento desgarrador. Y mi marido me dijo una frase interna de la familia: ‘Lo tenemos en la bolsa’".

Su fortaleza individual se sumó al milagro de que el corazón donado fuera bien aceptado por su cuerpo, sino el final hubiera sido muy diferente.

Sobre el corazón donado, agregó: "Me encantaría saber de quién es. Para eso, el primer paso del protocolo es escribirle una carta al Incucai y, sinceramente, todavía no me animé, pero quisiera agradecerles. En algún momento lo voy a hacer."

Llevando a este bello ser humano, que es un milagro viviente, a una situación hipotética, le pregunté qué le diría la Lorena de hoy a aquella joven que llevaba una vida plena y, de repente, la salud le dio la espalda: "Que fuera a una clínica donde la revisaran y le dieran el control que necesitaba en aquel momento, porque tal vez todo se podría haber evitado."

Llegando al final de esta emocionante historia, la protagonista expresó cómo se vincula con el mundo espiritual: "Hoy medito y sigo haciendo terapias alternativas con amigas, aunque ahora el trabajo del bar me deja poco tiempo."

Para finalizar, Lorena Cervellini cerró: "La vida es mi familia, los momentos compartidos y el aprendizaje de haberme dejado ayudar por conocidos y desconocidos. Y quiero decir, alzando la voz, que mi compañero fue el sostén, fue todo, porque hizo la heroica durante muchos años, con los hijos y el trabajo, para que nunca nos faltara nada, y no solo me refiero a lo material."

Por la importancia que tuviera para que su doloroso camino se iluminara, Lorena le agradece a sus amigos Horacio, Leticia, Verónica, Nelly y Carlos. De manera especial, a quienes hoy, después de tantos años, siguen siendo sus dos médicos de cabecera, Óscar Salomone y el cirujano que la trasplantó, Guillermo Paladino.

Hace casi 6 años, Lorena logró cambiar su calidad de vida gracias a un trasplante, por eso es importante recordar que el simple y gigante trámite de permitirte ser donante de órganos salva vidas.

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