Empleado del Jet Set alertó a Maribel antes del derrumbe y fue ignorado
Un día antes de la tragedia, el empleado Gregorio Adames Arias —responsable de reservas en la discoteca Jet Set— alertó directamente a Maribel Espaillat, hermana del dueño, que cancelara la fiesta tras el desprendimiento de un plafón decorativo que ya había dejado heridos.
La advertencia ocurrió a las 11.44 p.m., momentos después de que un plafón golpeó a un asistente. El trabajador le sugirió suspender el evento, pero Maribel se negó alegando que solo Antonio Espaillat, su hermano y copropietario, quien se encontraba fuera del país, podía tomar esa decisión.
El expediente del Ministerio Público señala además que Antonio había sido advertido con anticipación sobre las grietas, filtraciones y riesgo de colapso, pero no actuó. Pese a las señales claras de peligro y el conocimiento pleno de la falla estructural, ambos priorizaron la continuidad del evento por encima de la seguridad pública.
El derrumbe de madrugada provocó la muerte de 236 personas y dejó alrededor de 180 heridos, convirtiéndose en una de las mayores tragedias no naturales en la historia dominicana. Las autoridades calificaron el caso como una consecuencia directa de “inmensa negligencia” y omisión criminal.
Reacción judicial
Tras la denuncia, el Ministerio Público solicitó prisión preventiva para Antonio y arresto domiciliario para Maribel. Además, se presentaron más de 60 querellas por homicidio involuntario, mientras testigos afirman recibir amenazas por declarar.
Este nuevo giro confirma que, a pesar de advertencias tempranas, los dueños prefirieron el lucro al cuidado. En un país aún de luto y con sed de justicia, las preguntas sobre una cultura empresarial impune y el rol del Estado en la supervisión quedan más vigentes que nunca.








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