El primer presidente constitucional y exponente del federalismo fue entrerriano
Militar, político y estadista argentino, Justo José de Urquiza fue una de las figuras más trascendentales en la historia del país. Gobernador de la provincia de Entre Ríos en diversas ocasiones, líder del Partido Federal y primer presidente constitucional de la Confederación Argentina entre 1854 y 1860.
Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, vencedor de Juan Manuel de Rosas, impulsor de la organización nacional y primer presidente constitucional de los argentinos, nació el 18 de octubre de 1801 en una estancia cercana a Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos.
En esos tiempos, su padre, el coronel José de Urquiza era comandante en la costa del Uruguay. Los primeros años de Justo José transcurrieron en el campo hasta que en 1817 se trasladó junto a sus hermanos mayores a Buenos Aires para estudiar en el Colegio de San Carlos, sin embargo tuvo que abandonar los estudios por la clausura del Colegio y regresó a Entre Ríos.
A partir de entonces se dedicó al comercio. Trabajó junto a su cuñado hasta establecer su propio negocio: cueros y astas que enviaba a Buenos Aires y Montevideo.
Simultáneamente a su crecimiento económico, aumentó la influencia de Urquiza en Concepción del Uruguay. La ciudad lo nombró oficial del Cuerpo de Cívicos, que se encargaba del orden en la ciudad y en el campo.
Es ese momento toma contacto por primera vez con la política y con los grandes debates en torno a la forma de gobierno a adoptar por el nuevo país independiente. Urquiza se inclinó por el federalismo y comenzó su carrera política que lo llevó a los veinticinco años a ser electo diputado de la legislatura provincial.
Allí presentó una serie de proyectos tendientes a mejorar la administración y la economía provinciales, así como innovadoras propuestas educativas.
Urquiza se unió al bando federal participando en numerosas batallas. Persiguió a Rivera durante casi dos años hasta vencerlo definitivamente en 1845 en India Muerta.
Quedaba José María Paz, el genial estratega unitario, que se había adueñado de la provincia de Corrientes y dirigía las operaciones comandadas por el gobernador correntino Joaquín Madariaga. Urquiza organizó una rápida campaña y Madariaga fue derrotado en Laguna Limpia.
El vencedor decidió no atacar a Paz que se encontraba en un lugar de muy difícil acceso y le propuso un pacto a Madariaga. Los dos gobernadores se reunieron en Alcaraz, Entre Ríos, en agosto de 1846 y firmaron los Tratados de Alcaraz, donde reiteraban la vigencia del Pacto Federal de 1831.
Los acuerdos de Alcaraz le cayeron muy mal a Rosas porque promovían la libre navegación de los ríos e remarcaba la necesidad de organizar constitucionalmente al país. Rosas comisionó a su secretario Máximo Terrero para denunciar ante los gobernadores "el desvío, la miseria y la ceguera del General Urquiza".
Las presiones de Rosas desataron el conflicto entre Corrientes y Entre Ríos e hicieron fracasar los acuerdos de Alcaraz. La guerra se reanudó y Madariaga fue vencido definitivamente en el Potrero de Vences en noviembre de 1847. El gobierno de Corrientes quedó en manos de un hombre de confianza de Urquiza, el Coronel Benjamín Virasoro.
Finalizadas las campañas de 1846 y 1847, Urquiza volvió a ocuparse personalmente de las tareas de gobierno que había confiado en su ausencia a Antonio Crespo su gobernador delegado. Se dedicó sobre todo a promover la educación popular. Para 1848 ya había escuelas públicas en todos los distritos de la Provincia.
Para 1850 Entre Ríos era una de las provincias más prósperas de la Confederación. Atraía a inversores extranjeros y llevaba a los emigrados argentinos en Montevideo a poner los ojos en su gobernador y a visualizarlo como el único capaz de terminar con el régimen rosista.
Rosas había tomado diversas medidas que afectaron la economía entrerriana.
Año tras año, argumentando razones de salud, Rosas presentaba su renuncia a la conducción de las relaciones exteriores de la Confederación, en la seguridad de que no le sería aceptada.
En 1851 el gobernador de Entre Ríos emitió un decreto conocido como el pronunciamiento de Urquiza, en el cual aceptaba la renuncia de Rosas y reasumía para Entre Ríos la conducción de las relaciones exteriores.
El conflicto era en realidad económico: Entre Ríos venía reclamando la libre navegación de los ríos -necesaria para el florecimiento de su economía- ya que permitiría el intercambio de su producción con el exterior sin necesidad de pasar por Buenos Aires.
Armado de alianzas internacionales, Urquiza finalmente decidió enfrentar al gobierno bonaerense.
En 1852, al frente del Ejército Grande, Urquiza lideró la histórica batalla de Caseros, derrotando a Juan Manuel de Rosas y poniendo fin a su largo gobierno.
Horas más tarde Rosas escribiría su renuncia. Vencido, el Gobernador de Buenos Aires alcanzó a escribir estas líneas antes de embarcarse en el buque de guerra Conflict hacia Inglaterra, donde viviría hasta su muerte:
"Durante el tiempo en que presidí el gobierno de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, con la suma del poder por la ley, goberné según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como los malos, de mis errores y de mis actos. Las circunstancias durante los años de mi administración fueron siempre extraordinarias, y no es justo que durante ellas se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos".
Este triunfo fue un momento bisagra en la historia de la nación, pues permitió la organización política de Argentina en torno a principios democráticos y federales. Al año siguiente, convocó al Congreso Constituyente que sancionó la Constitución Nacional de 1853, que Urquiza impulsó en un debate que ha quedado expuesto en sus cartas constituyendo un hito fundamental para la construcción de nuestro país.
Desde la cantidad de hijos que trajo al mundo, hasta su enorme fortuna, pasando por logias masónicas, batallas épicas y retiradas heróicas, la vida de Urquiza se contó con un entramado de relatos que con el paso del tiempo mezclaron la realidad con el fanatismo de quienes lo exaltaban y el odio de los que lo combatieron.
Asesinado en un Palacio enclavado en medio del campo, frente a su familia y traicionado por gente de su confianza, murió dando batalla con un balazo en la cara y cinco puñaladas que aseguraron su final.
El velorio no fue menos conflictivo. Se realizó en un clima de miedo. Ricardo López Jordán, el hombre que lo había mandado matar, ya como gobernador desató la persecución a los urquicistas hizo que la tensión social se viviera en las calles de Concepción del Uruguay como en ningún otro lado.
Su hija Ana buscó el lugar más seguro y se llevó el cadáver a su casa para rendirle los honores finales. Dolores Costa, la viuda, ordenó secretamente trasladar el féretro a la Iglesia y a partir de allí nunca más se supo del destino del cuerpo de quien fuera el vencedor de la épica batalla de Caseros.
Pasaron 80 años desde aquellos días infaustos para que, por segunda vez, se intentara dar con el féretro del caudillo, tras un primer intento de búsqueda en la Basílica Inmaculada Concepción, en una cripta donde la viuda había dejado una lápida con la inscripción “R.I.P.- Aquí yacen los restos mortales del Exmo. Sr. Capit. Gral.- Don Justo José de Urquiza – 1er Presidente Constitucional – de la República Argentina – Gobernador de la Provincia – de Entre Ríos – que murió asesinado – el 11 de abril de 1870 a las 7 y media de la noche – en su palacio Sn. José – a los 69 años de edad – Su amante esposa e hijos – le consagran este triste recuerdo”. La mayoría pensaba que el ataúd estaba detrás de aquella piedra, no obstante en 1901, con motivo del centenario del nacimiento de Urquiza, se buscó sin éxito en aquel lugar.
En 1951 se reinició la búsqueda y se solicitó permiso al párroco de entonces para llevar adelante una segunda constatación del lugar. Tras no hallar nada a simple vista se investigó tras las paredes de la cripta, y para ello se llamó a miembros de la familia Saenz Valiente, descendientes directos de Urquiza, para que profundizarán la búsqueda. Así lo hicieron, y mientras golpeaban las paredes buscando sonidos huecos, un ladrillo se cayó y dejó al descubierto dos ataúdes completos y los restos de otro destruido.
Con el permiso de la Comisión Nacional de Museos, ya que el templo es Museo Histórico Nacional, finalmente se procedió a trabajar en el lugar.
El historiador entrerriano y miembro de la “Asociación Justo José de Urquiza”, Darío Garayalde, investigó sobre la marcha de los trabajos realizados luego del impactante hallazgo, y remarca en uno de sus trabajos publicados, que el 5 de abril de 1951, la Comisión accedió a lo solicitado. Así fue como finalmente el Sr. Antonio P. Castro, miembros de la Comisión y los descendientes hallaron el único nicho sin identificación.
Levantada la tapa de este se encontraba un ataúd sobre cuya tapa de madera se hallaba una cruz de metal, con la inscripción "Gloria Deo". Desclavada esta tapa de madera, apareció una caja de zinc, dentro de la cual se hallaba un cadáver cubierto con una mortaja, esta última en excelente estado de conservación.
El jueves 17 de marzo de 1955, en presencia de familiares de Urquiza, del intendente Carlos María Scelzi, el Presbítero Alfredo E Frossard, Cura Párroco de la iglesia parroquial de Concepción del Uruguay, el profesor Manuel Macchi; director del Palacio San José entre otras autoridades, se dio por finalizada la investigación.
El 24 de marzo de 1955, el señor Antonio Castro informó sobre la misión cumplida en Concepción del Uruguay donde se procedió al traspaso de los restos del General Urquiza al cofre que hoy descansa en el mausoleo que fuera inaugurado en 1967 en la Basílica Inmaculada Concepción.
Todo parece señalar que la vida amorosa de Urquiza fue muy intensa, pero la única mujer con la que contrajo matrimonio fue Dolores Costa Brizuela, nacida en 1830. Era hija de don Cayetano Costa y doña Micaela Brizuela. Urquiza tenía 50 años cuando conoció a Dolores en una fiesta en Gualeguaychú en la que el invitado de honor era Sarmiento. Dolores fue la fiel compañera de sus últimos años.
Él tenía 12 hijos de parejas anteriores cuando la conoció -todos reconocidos legalmente- y con ella tendrá otros 11. La primera de la larga lista fue Dolores, nacida el 30 de abril de 1853, horas antes de la sanción de la Constitución Nacional.
En cualquier caso, su vida particular estuvo lejos de pasar desapercibida y dejó un legado que hoy forma parte del acervo cultural entrerriano.
Su figura definitivamente perdura como símbolo de la lucha por un federalismo inclusivo y de la firme convicción en la unidad del país. A través de su accionar, Urquiza dejó un legado de transformación política, social y económica que aun hoy sigue siendo referente en nuestra historia.
Su legado es indiscutible en la consolidación del Estado argentino moderno.








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