Aldana Di Costanzo: de la tristeza a la luz, una vida dedicada a sanar el duelo infantil
En el barrio de Belgrano, donde las calles arboladas y los edificios antiguos guardan historias de vidas que se entrelazan con la ciudad, Aldana Di Costanzo camina con un propósito claro.
A sus 34 años, esta psicóloga y fundadora de la primera organización en Argentina dedicada al duelo infantil lleva consigo una historia que podría haberla quebrado, pero que, en cambio, la convirtió en un faro para otros.
Aldana tenía solo seis años cuando su vida cambió para siempre. Una mañana de 1994, su padre, Guillermo, salió a correr como lo hacía habitualmente. Pero esa vez no volvió. Un infarto lo arrebató de manera repentina, dejando a Aldana y a su familia sumidos en un dolor que, en ese momento, no sabían cómo procesar.
“Decime que es una pesadilla”, le dijo a su madre, intentando entender lo incomprensible. Pero no lo era. La muerte de su padre fue la primera gran pérdida que marcó su vida, y también el germen de lo que años después se convertiría en su misión: acompañar a otros niños que, como ella, enfrentan el vacío de perder a un ser querido.
El duelo como motor
Aldana creció en un hogar donde el dolor no se escondía, pero tampoco se hablaba abiertamente. “En esa época no había herramientas para abordar el duelo infantil. Los adultos no sabían cómo acompañarnos, y los niños nos sentíamos solos”, recuerda.
Esa sensación de soledad, de no encontrar respuestas, la acompañó durante años. Pero en lugar de dejarse vencer por el dolor, Aldana decidió transformarlo en algo más grande.
Estudió psicología en la Universidad de Buenos Aires, especializándose en duelo y trauma. Durante su formación, descubrió que en Argentina no existían espacios específicos para acompañar a los niños en el proceso de duelo. “Me di cuenta de que había una necesidad enorme, y que yo podía hacer algo al respecto”, cuenta. Así, en 2017, nació Fundación Aiken, la primera organización en el país dedicada exclusivamente a brindar herramientas y apoyo a niños, adolescentes y familias que atraviesan la pérdida de un ser querido.
Fundación Aiken: un refugio para sanar
El nombre de la fundación no es casual. Aiken es una palabra de origen guaraní que significa “alma” o “espíritu”, y para Aldana, representa la esencia de lo que busca transmitir: la idea de que, aunque un ser querido ya no esté físicamente, su presencia sigue viva en el corazón de quienes lo amaron.
Desde su creación, Fundación Aiken ha acompañado a cientos de familias, ofreciendo talleres, grupos de apoyo y recursos para ayudar a los niños a expresar su dolor y encontrar formas de seguir adelante. “El duelo no es algo que se supera, sino que se integra”, explica Aldana. “Se trata de aprender a vivir con la ausencia, de encontrarle un sentido a la vida a pesar de la pérdida”.
Uno de los pilares de la fundación es el trabajo con escuelas, donde Aldana y su equipo capacitan a docentes para que puedan detectar y acompañar a los niños en duelo. “Muchas veces, los chicos no saben cómo expresar lo que sienten, y eso puede manifestarse en problemas de conducta, bajo rendimiento escolar o aislamiento”, señala. Por eso, la fundación también ofrece talleres para niños, donde a través del juego, el arte y la palabra, pueden explorar sus emociones y sentirse acompañados.
Una vida resignificada
Aldana no solo ha dedicado su vida a acompañar a otros en su dolor, sino que también ha logrado resignificar su propia historia. “La muerte de mi padre fue una herida que nunca cerró del todo, pero que me enseñó a ser resiliente, a encontrar fuerza en la vulnerabilidad”, reflexiona.
Esa resiliencia se puso a prueba nuevamente en 2020, cuando perdió a su abuela, una figura fundamental en su vida.
“Fue como revivir el dolor de la infancia, pero esta vez tenía las herramientas para transitarlo de otra manera”, dice. Esa experiencia la llevó a profundizar aún más en su trabajo, entendiendo que el duelo no tiene una única forma de manifestarse, y que cada persona lo vive de manera única.
Un legado de amor y esperanza
Hoy, Aldana es reconocida no solo en Argentina, sino también a nivel internacional, como una referente en el acompañamiento del duelo infantil.
Su trabajo ha sido destacado por organizaciones como Ashoka, que la seleccionó como fellow por su impacto social. Pero más allá de los reconocimientos, lo que más la motiva es saber que está ayudando a otros a transitar un camino que ella conoce bien.
“Siempre digo que el duelo es como un agujero negro: al principio parece que te va a devorar, pero con el tiempo aprendés a convivir con él, a encontrar luz en medio de la oscuridad”, dice. Y esa luz es, precisamente, lo que Aldana busca transmitir a través de su fundación: la idea de que, aunque el dolor nunca desaparezca por completo, es posible encontrar esperanza y seguir adelante.
En un mundo donde el duelo sigue siendo un tema tabú, especialmente cuando se trata de niños, Aldana Di Costanzo ha logrado abrir una puerta para que las familias puedan hablar, sanar y, sobre todo, sentir que no están solas. Su historia es un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, es posible encontrar un propósito que dé sentido al dolor y nos permita convertirnos en agentes de cambio.
Aldana camina por las calles de Belgrano, y en cada paso lleva consigo no solo el recuerdo de su padre, sino también la certeza de que su legado está vivo en cada niño, cada familia y cada persona que, gracias a su trabajo, ha encontrado una manera de sanar.








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