Política
Negocios que huelen mal

Radio Del Plata: otro juguete político K que terminó quebrado, como todo lo que toca la jefa y sus kukarachitas

La AM 1030 volvió a caer bajo la maldición kirchnerista: empresarios amigos, plata volando, manejos turbios y una quiebra que confirma la regla básica del modelo K... si lo agarran, lo funden. (Dibujo: CHATGPT-IA)

La Justicia decretó la quiebra de Radiodifusora Del Plata SA. Una radio histórica que alguna vez fue sinónimo de periodismo y que el kirchnerismo convirtió en un cementerio editorial.

El juez comercial Gerardo Santicchia ordenó inhibición de bienes y prohibición de salida del país para su presidente formal, Jorge Cerezo. Mientras tanto, su verdadero dueño, el empresario de la carne K, Ricardo Bruzzese, sigue al aire como si nada. Total, cuando el quilombo explota, la culpa siempre es de otro.

Bruzzese, para quienes no lo recuerden, no es un empresario de medios. Es el muchacho de “Carne para Todos”, ese plan milagroso de Cristina Kirchner y Guillermo Moreno que prometía asado barato para el pueblo… y terminó como siempre: fiambre de quinta y cuentas en rojo.

Pero antes de hacerse el dueño del micrófono, Bruzzese ya había probado suerte en política: exprecandidato kirchnerista en La Matanza, hasta que Cristina le dijo “pibe, bajate”. Porque en el peronismo la democracia interna es simple: manda la que tiene más causas.

La historia reciente de Del Plata es un manual de corrupción K: llegó Bruzzese después de comprar la radio a dos personajes que venían de robar millones de una transportadora de caudales.

Y antes, Electroingeniería la había comprado para alinearla con el poder, echar periodistas críticos como Nelson Castro y convertirla en unidad básica con antena mientras se acumulaban 500 millones de pesos de deudas con empleados, AFIP y proveedores.

Cuando el sindicalista K Víctor Santa María quiso rescatarla, duró tres meses: había que poner plata de verdad. Y el kirchnerismo cuando no puede usar lo ajeno… se escapa.

Ahora, la radio sigue como un zombi al aire mientras el síndico intenta evitar que la última AM que todavía cree en el discurso K termine transmitiendo desde una carnicería. Ofrecieron apenas 2,5 millones de pesos por mes para operarla, lo mismo que sale un afiche en campaña en la General Paz. Una “auditoría” dirá si vale la pena comprar el resto del naufragio.

Del Plata pasó de ser una emisora respetada a convertirse en el tacho de descarte del kirchnerismo, que cada vez que necesita un espacio para su narrativa, compra, funde y huye.

Porque si hay algo que Cristina y su banda hacen a la perfección es esto: dejar radiaciones tóxicas donde alguna vez hubo medios de comunicación.

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