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VIDEO | Revelado: qué es realmente el "squirt" y por qué es tan polémico

Más allá del truco anatómico, el squirt funciona como recordatorio de que la sexualidad humana es un festival de variaciones.

La ciencia del cuerpo humano tiene estas rarezas maravillosas que mezclan biología, mito y un toque de desconcierto colectivo. El squirt —o eyaculación femenina— es uno de esos fenómenos que durante décadas estuvo rodeado de rumores, tabúes y explicaciones pseudocientíficas.

Hoy se entiende mejor: no es magia ni pornografía hecha carne; es una respuesta fisiológica posible en algunas personas con vulva, estimulada por zonas específicas del cuerpo y moldeada por factores emocionales, hormonales y hasta culturales.

Lo primero es separar fantasía de realidad. El squirt no es lo que el porno vendió como “cataratas”, ni implica que “todas pueden hacerlo si quieren”. Los estudios más serios muestran que, en quienes ocurre, el líquido suele provenir mayormente de la vejiga, mezclado con pequeñas cantidades de secreciones de las glándulas parauretrales (las llamadas glándulas de Skene). Durante la excitación intensa, esa zona se congestiona, puede acumular líquido y luego liberarlo durante un orgasmo o una estimulación profunda.

Respecto al origen, no es fenómeno nuevo. En textos médicos del mundo árabe medieval ya se describían eyaculaciones femeninas. Luego Occidente lo ocultó bajo la alfombra moralista.

En el siglo XX reapareció a los tumbos en gabinetes médicos y documentales sexual-educativos, hasta que la década de 2000 lo convirtió en un ícono pop sin demasiado rigor científico. Recién en los últimos años hubo estudios por resonancia magnética y análisis de laboratorio que confirmaron la fisiología detrás del asunto.

¿Cómo lograrlo? No hay receta universal. En los casos donde ocurre, suele necesitarse una mezcla de relajación, confianza, estimulación del punto G (una zona en la pared anterior de la vagina rica en tejido eréctil) y tiempo. Mucho tiempo. También ayuda vaciar la vejiga antes para no confundir sensaciones y evitar incomodidades.

La clave no es “forzar”, sino permitir que el cuerpo reaccione como quiera. Algunas personas describen una sensación previa parecida a “ganas de orinar”, que si se atraviesa con comodidad puede derivar en la liberación de líquido.

Más allá del truco anatómico, el squirt funciona como recordatorio de que la sexualidad humana es un festival de variaciones. No indica “mejor sexo”, ni mide intensidad de orgasmos. Es simplemente una de las muchas maneras en que un cuerpo responde al placer. A medida que la conversación pública se vuelve más honesta, estas experiencias dejan de ser espectáculo y se transforman en conocimiento.

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