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Belleza, reinvención y deseo propio

Valeria Ostrovsky, la modelo juninense que apuesta a la plenitud y sueña con escribir un libro sobre la edad

Contadora, coach y modelo: a los 53 años, abraza una nueva etapa donde quiere formarse, crear, viajar y, sobre todo, acompañar a sus hijos en cada paso.
Entre el arte, el coaching, los castings y los nuevos horizontes, Valeria construye una versión de sí misma que no se detiene.
Entre el arte, el coaching, los castings y los nuevos horizontes, Valeria construye una versión de sí misma que no se detiene.
Reinventarse, para ella, no es una consigna: es una manera de vivir.
Reinventarse, para ella, no es una consigna: es una manera de vivir.

Valeria Ostrovsky es de esas mujeres que no frenan. Contadora desde hace casi tres décadas, abrió un nuevo camino cuando se certificó como coach y, sin buscarlo demasiado, terminó encontrando en el modelaje un espacio que la divierte, la desafía y la conecta con una energía distinta. “Todo empezó por casualidad, vi un casting para gente común y quedé”, contó entre risas, aún con la voz tomada por un viaje reciente. Aquella experiencia para una campaña de cerveza le abrió las puertas a otros castings y a un mundo creativo que hoy la entusiasma.

A los 53, Valeria no solo sigue trabajando como contadora mientras acompaña procesos personales como coach; también proyecta nuevos aprendizajes: quiere hacer un curso de oratoria, profundizar en coaching, volver al arte y sumar cerámica y teatro a su vida cotidiana. Pintó dos cuadros y sueña con retomar las manos en el barro, explorar técnicas nuevas y seguir ampliando su universo creativo. Le gustaría escribir un libro sobre la edad en las mujeres, un tema que ya viene trabajando desde su mirada como autora de Esta soy yo, obra en la que narra el tránsito que la llevó a una vida más coherente consigo misma.

El modelaje llegó sin pedir permiso, pero la conquistó. Le encanta presentarse a castings, viajar, conocer gente y moverse entre cámaras y luces, aunque reconoce que le gustaría formarse más: “Quizás haga un curso para aprender a posar y caminar”, dice, consciente de que vivir en Junín la obliga a organizar los tiempos con precisión quirúrgica. Aun así, no descarta nada: disfruta de lo que hace y quiere seguir aprendiendo.

En su día a día, Valeria reparte su tiempo entre el gimnasio, el yoga, la fotografía, la música, los viajes y los momentos de calma en la naturaleza. Le gusta leer, escuchar podcasts, entrenar y mantenerse activa. Su mundo afectivo también es un motor: sus hijos estudian en Capital y ella viaja seguido para acompañarlos. “Lo más importante es estar para ellos en todo lo que necesiten, que sean felices”, dice con una convicción que trasciende cualquier proyecto personal.

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