El columnista invitado
Alianzas y dudas

La soberanía compartida es una soberanía debilitada: una lectura del ascenso de Diego Santilli

"Sin lugar a dudas, esto muestra la versatilidad de los tiempos políticos y cómo la conveniencia y la utilidad no necesitan de ideología para imponerse".

Por Nano Vilanova (*), especial para NOVA

Este texto propone que la alianza Javier Milei y Diego Santilli es un caso paradigmático de soberanía compartida que erosiona la autoridad política del presidente. A modo de contextualizar, a principios de agosto de este año cuando se rumoreaba o, en nuestros términos de marketing, se sondeaba la opinión pública con la alianza entre el PRO y La Libertad Avanza (LLA), me invitaron al programa “Sin verso” del canal Ciudadano News. La periodista Rebeca Miranda me expresó y compartí su desmedida incertidumbre frente a lo que iba a suceder y que algo que hoy es un hecho, hace tres meses no lo era.

Sin lugar a dudas, esto muestra la versatilidad de los tiempos políticos y cómo la conveniencia y la utilidad no necesitan de ideología para imponerse. ¿Acaso los medios y la opinión pública influyen de forma desmedida en los políticos para ajustarse rápidamente al temperamento social?

La frase que expresé en el programa y, que luego fue replicada en una nota del mismo canal era: “Una soberanía compartida es una soberanía debilitada”. Muchos colegas me preguntaron si esta frase era mía. Creo que Carl Schmitt es el más grande pensador jurídico-político del siglo 20. Me he inspirado en él. En su conocido libro Teología política (1922), Schmitt escribe que la soberanía: “la actuación no [debe estar] sometida a control alguno ni dividida entre diferentes poderes (...) El [soberano] decide si el caso propuesto es o no de necesidad y qué debe suceder para dominar la situación”.

El pensador alemán sostiene que el soberano debe poseer toda atribución de poder para gobernar de la mejor manera posible. En un estado de excepción, el soberano bajo el razonamiento de Carl Schmitt puede actuar incluso con el control de lo jurídico. Es una soberanía decisionista. La decisión es lo central en Schmitt. Por eso, una soberanía que se comparte limita completamente la soberanía que se estableció en una primera instancia. La división del poder no genera más poder, sino confusión y desorden de mando.

La frase que me inspiró el pensador alemán es para mi una forma de entender y seguir sosteniendo exactamente lo mismo. La renovación de LLA no implica en absoluto una ganancia de poder político, sino una actuación de soberanía delegacionista. Como he explicado, muchos argentinos votantes de un liberalismo menos extremista han podido ver en Mauricio Macri la idea de gobernabilidad. En tal sentido, Macri se posiciona como el que brinda cierta diplomacia frente a las polémicas diarias del presidente Javier Milei y sus influencers digitales motivados por el asesor Santiago Caputo. Este asesor comprende con soltura la dinámica que procede de la soberanía digital contemporánea con el uso de las redes sociales, influencers, etc.

Volviendo a nuestro tema, como decíamos más arriba, los tiempos políticos son volátiles. Santilli pasó de Diputado electo a Ministro de Interior en un santiamén. En la red X, Mauricio Macri al felicitar el veloz ascenso de Santilli escribe después de su cálido apoyo: “(...) Como dirigente de Pro de gran experiencia, confío en que, en este momento clave, podrá articular con los gobernadores la implementación de las reformas que necesitamos”. Subrayamos reformas. Es clave entender que hay una distinción entre (1) poder y (2) ejercicio de poder.

De ahí que, Javier Milei haya optado por perder parte de (1) en detrimento de (2). Los medios de comunicación a favor de LLA, escriben sobre el virtuoso vínculo entre Santilli y Milei. Ambos se pasean en los medios elogiándose, en especial, Santilli como una vivencia inesperada, una suerte de epifanía al recibir el llamado mesiánico. Hace dos años atrás, la Milei llamaba corrupto a Santilli públicamente. Eso es a lo que me refiero con la volatilidad de los tiempos políticos y que Gramsci podría llamar “momento coyuntural”.

En conclusión, retomé la entrevista que me hicieron para seguir sosteniendo la incoherencia ideológica del libertarismo, y que pese a eso, resultó ganador de las elecciones del 26 de octubre. El resultado nos dice que a la sociedad argentina no le ha preocupado en absoluto el discurso anti-casta que votó. Puede que haya una neocasta como se dice, o tal vez, los defensores acérrimos del presidente, dirán que es la única manera de que un outsider “desinteresado de la política” pueda tener gobernabilidad. Ya es cosa del pasado que el PRO era casta. La soberanía es delegada. Se cuente la verdad que se cuente: La Libertad Avanza gobierna con el PRO. En definitiva, una soberanía compartida es una soberanía debilitada.

(*) Analista político.

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