Economía y Empresas
Algo malió sal

El chiste se cuenta solo: el CEO de Mercado Libre, en modo kuka, le reclama al Estado que regule a Temu y Shein

La empresa de Marcos Galperín creció gracias a los subsidios del kirchnerismo, mientras que su dueño pedía menos intervención gubernamental. Ahora que las Apps chinas le pasan el trapo, reclaman restricciones. (Dibujo: NOVA)

Marcos Galperín, el dueño de Mercado Libre, encarna quizás la peor faceta de los “empresaurios” argentinos que quieren ganar fortunas a costa de los consumidores y que, mientras por un lado reclaman apertura comercial, por el otro lloran cuando una empresa más poderosa les gana en su propio juego.

El historial del creador de la plataforma de ventas online más exitosa de la Argentina habla por sí solo. Su fortuna exponencial se originó en base a una empresa copiada de otras firmas yanquis como Amazon, la cual floreció en su momento gracias a los subsidios y beneficios fiscales que le otorgaba el kirchnerismo.

Sin embargo, “Marquitos” ni siquiera tuvo la decencia de no morder la mano que le daba de comer. Desde que su figura tuvo algo de trascendencia mediática, fue un férreo opositor a los gobiernos kirchneristas y duro crítico de los “planeros”, así como también de las medidas regulatorias de aquel entonces.

Claro, su postura hubiera sido entendible si no fuese porque, a la par que despotricaba en redes sociales y foros empresariales, se valía de una polémica aplicación de la Ley de Software para ahorrarse fortunas en impuestos: pagaba a penas un 14 por ciento de IVA, 60 por ciento menos de impuestos al Trabajo y cero de Ingresos Brutos, por no contar que la misma plataforma admitía en su momento cobrar más de 100 millones de dólares por año en subsidios.

Es decir, Galperín se quejaba de impuestos que él no pagaba, y cuestionaba a “planeros” que no recibían ni una fracción de los subsidios siderales que su empresa cobraba. Así y todo, como quien se pega un tiro en el pie, el dueño de Mercado Libre renegó de la gallina de los huevos de oro y se plegó a la primera figura opositora que se le cruzó: Mauricio Macri.

Durante la era amarilla, los negocios de Galperín florecieron, incluyendo la concesión por 30 años de un predio de 20 hectáreas para la firma Plaza Logística en el Mercado Central, de las cuales ocho le fueron alquiladas a Mercado Libre por precios irrisorios.

Sin embargo, la joda macrista duró poco, y con el triunfo de Alberto Fernández, Galperín decidió que ya había exprimido al país todo lo que podía, y tomó la determinación de cruzar el charco. Así fue que terminó radicándose en Uruguay, no solo como una medida de desprecio político, sino claro, con un impactante beneficio fiscal a partir del cambio al sistema tributario del país vecino.

Tras el fracaso del último gobierno kirchnerista, “Marquitos” volvió a confiar en el país. Le faltaba todavía un capítulo a su historia como para terminar de coronar el ridículo, por lo que, sin dudarlo -y quizás sin entender bien lo que implicaba- Galperín se abrazó como una garrapata a las ideas de Javier Milei. Libre mercado, Mercado Libre, ¿qué podía salir mal?

Lo que salió mal fue, justamente, el libre mercado. A Galperín nunca le cayó la ficha de que su éxito se debía enormemente al despilfarro fiscal del kirchnerismo que tanto desprecia. El tan odiado proteccionismo kuka, lejos de ser una traba, era un escudo que le permitía operar sin competidores más que los pocos piojos que surgían en el mercado local.

Con Milei, las cosas cambiaron, y Galperín conoció la cara más cruda de la libre competencia. La apertura comercial tan deseada le permitió el ingreso prácticamente irrestricto al país a jugadores de origen chino que están varios pasos por encima de Mercado Libre en la cadena alimenticia.

Shein y Temu son furor en nuestro país, así como en la región, porque ofrecen algo con lo que no pueden competir las plataformas locales: productos importados que en el país no se consiguen -o sí, pero muy caros- a precios inigualables, con envíos seguros y rápidos.

Con este panorama, el CEO actual de Mercado Libre, Juan Martín de la Serna, se quejó a moco tendido para que “Papá Estado” salga a defenderlo de los grandulones chinos.

“Es importante tener un buen marco regulatorio que sea igual para todos los que compiten", lloriqueó, repitiendo argumentos dignos de un kuka de barrio cualquiera, durante la conferencia anual de la consultora ABECEB.

Y sentenció, ya a punto de poner los dedos en V: "Las regulaciones son esenciales tanto en las finanzas como en el comercio". Como para que no queden dudas de que la empresa solo es capitalista cuando le conviene.

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