VIDEO | Kicillof analiza romper con La Cámpora y echar ministros si no le votan el presupuesto
El presupuesto de la provincia de Buenos Aires es mucho más que números. Es la mecha de una interna que amenaza con hacer estallar al peronismo bonaerense. En el corazón del conflicto, una pulseada de hierro entre el gobernador Axel Kicillof y el sector duro de La Cámpora, que responde a Cristina Kirchner.
El mensaje que recibe Kicillof de su círculo íntimo es contundente: si los legisladores camporistas vuelven a torpedear la aprobación del presupuesto, debe cortar por lo sano. El precio sería el desplazamiento de uno o varios de los ministros de La Cámpora que aún sobreviven en su gabinete.
Mayra Mendoza habló sobre el presupuesto que presentó Kicillof y pidió por el fondo a los municipios. Mientras hablaba pasó Ricardo Alessandro y le dijo: “Viva Perón”. Ella respondió con otro: “Viva Perón” al intendente que días atrás no ahorró en críticas hacia La Cámpora y… pic.twitter.com/jhLi5V9WKT
— Andrés Sosa (@Sosandres) November 3, 2025
El reloj ya está en marcha. La negociación arrancó y tiene un plazo perentorio: el 5 de diciembre. Si para esa fecha el proyecto no está aprobado, se descorrerá un telón oscuro. Kicillof se vería forzado a tomar la decisión que esquiva hace meses: la purga ministerial.
La primera señal de advertencia la dio Mayra Mendoza. Al salir de la exposición de Kicillof ante los intendentes, la intendenta de Quilmes mostró el músculo kirchnerista. Con un cuaderno en la mano, reclamó por la falta de números claros en el Fondo de Fortalecimiento para municipios, un mecanismo heredado de la gestión del PRO que los intendentes necesitan con urgencia para pagar aguinaldos y evitar el colapso.
Ese fondo es la piedra angular. Kicillof lo plantea como el 8 por ciento de una nueva autorización de deuda por 1.990 millones de dólares. La oposición lo rechaza de plano y exige una partida fija. Pero el verdadero problema no es la oposición; son los votos propios que nunca están garantizados.
La historia se repite. En la negociación del presupuesto del año pasado, la tensión con La Cámpora rozó el paroxismo. La propia Mendoza irrumpió en la Legislatura para asegurar fondos especiales para su distrito. El caos fue tal que, en un episodio que quedó grabado a fuego, diputados camporistas y opositores modificaban artículos a espaldas del recinto. Kicillof consideró la maniobra inaceptable y ordenó el cierre del Senado.
La derrota en las PASO de octubre destapó la olla. Intendentes axelistas, leales a Kicillof, salieron a pedir cabezas. Ricardo Dalessandro, de Salto, fue crudo: “Yo quiero que Kicillof sea presidente, pero teniéndolo a Máximo Kirchner, a La Cámpora y a Grabois al lado, no creo que sea potable”. Mario Secco, de Ensenada, fue más lejos aún con un mensaje que parecía dirigido al propio Máximo: “Se quieren limpiar el culo con nosotros”.
En la mira están los ministros de La Cámpora: Juan Martín Mena (Justicia), Florencia Saintout (Cultura), Daniela Vilar (Ambiente), Nicolás Kreplak (Salud), Marina Moretti (IPS) y Homero Giles (IOMA). Detrás de ellos, una estructura de casi 800 cargos que los intendentes kicillofistas ambicionan y están dispuestos a disputar.
El nombre que más arde es el de Florencia Saintout. La ministra de Cultura no conoce de diplomacia. En agosto atacó a Victoria Tolosa Paz por una foto con Chiche Duhalde y Julio Alak, un intendente clave en el equilibrio de poder. En los pasillos de Gobernación no olvidan que, en un acto con Máximo Kirchner a cuadras de Casa de Gobierno, cantó consignas en contra del propio Kicillof.
La semana pasada, Saintout repostó el texto de Cristina Kirchner que responsabiliza a Kicillof por la derrota electoral. Lo mismo hicieron Mena y Giles. De Mena, sin embargo, nadie cuestiona su gestión en Justicia. Giles resiste en IOMA, una obra social en estado crítico, porque nadie en el axelismo quiere heredar ese desastre a dos años de las próximas elecciones.
El tablero está armado. Kicillof juega su gobernabilidad y su futuro político. La Cámpora, su poder territorial. La pulseada por el presupuesto no es una discusión técnica. Es la batalla por el alma del peronismo bonaerense. Y esta vez, parece que no habrá empate.








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