China advierte a sus ciudadanos que eviten viajar a Japón tras las declaraciones de Takaichi sobre Taiwán
China ha advertido a sus ciudadanos que no viajen a Japón, intensificando la reacción negativa ante los comentarios de la primera ministra Sanae Takaichi sobre la isla de Taiwán. La medida constituye hasta el momento la represalia más contundente de Beijing frente a las declaraciones de la líder japonesa.
Aunque la restricción podría tener un impacto más simbólico que práctico, su anuncio revela que Beijing está dispuesto a utilizar su peso económico para presionar en asuntos geopolíticos, una estrategia ya habitual en su política exterior.
Según un comunicado difundido por el Ministerio de Relaciones Exteriores chino, las recientes “declaraciones abiertamente provocadoras sobre Taiwán” han “dañado aún más el ambiente para los intercambios entre personas… creando riesgos adicionales para la seguridad de los ciudadanos chinos en Japón”. Por ese motivo, el organismo y sus misiones diplomáticas “recuerdan a los ciudadanos chinos que se abstengan de visitar Japón por el momento”.
La tensión bilateral lleva una semana en ascenso, luego de que Takaichi afirmara en el parlamento japonés que un eventual ataque chino contra Taiwán constituiría “una situación que amenaza la supervivencia de Japón”, lo que podría activar una respuesta militar de Tokio. Para Beijing, Taiwán es parte integral de su territorio y cualquier referencia a una posible intervención extranjera representa una línea roja.
El Ministerio de Defensa chino advirtió además que Japón “sufriría una derrota aplastante” si intervenía militarmente en el estrecho de Taiwán.
Entre enero y septiembre, casi 7,5 millones de ciudadanos chinos visitaron Japón, más que cualquier otro grupo de turistas extranjeros. La prohibición de viajes, aunque temporal, podría afectar a la economía japonesa y a sectores que dependen del turismo.
La disputa escaló también en el terreno diplomático. Ambos países convocaron a los embajadores del otro para presentar protestas formales, en paralelo con una ola de críticas virulentas contra Takaichi dentro de China. Incluso un mensaje del cónsul general de China en Osaka —que sugirió “cortarle ese cuello sucio”— generó un fuerte rechazo en Tokio.
Medios estatales y cuentas vinculadas al Ejército Popular de Liberación difundieron mensajes agresivos, incluyendo advertencias de que Japón “pagaría un alto precio” si se involucraba militarmente en Taiwán. En respuesta, Japón citó al embajador chino y calificó esas declaraciones como “sumamente inapropiadas”.
El viceministro de Relaciones Exteriores chino, Sun Weidong, había convocado antes al embajador japonés para afirmar que los dichos de Takaichi “dañaron gravemente la base política” de la relación bilateral. Tokio, por su parte, se negó a retractarse y defendió que los comentarios se emitieron en el marco de un debate sobre una “crisis existencial”.
La polémica surge menos de dos semanas después de la primera reunión entre Takaichi y el presidente Xi Jinping, encuentro en el que ambos habían prometido trabajar por vínculos “constructivos y estables”. Ese clima quedó ahora totalmente eclipsado.
Takaichi —la primera mujer en alcanzar el cargo de primera ministra en Japón— declaró el lunes que sus afirmaciones eran “hipotéticas” y que evitaría repetirlas en el parlamento. Sin embargo, sus intentos por bajar el tono no han logrado detener la escalada diplomática.
Mientras tanto, Tokio mantiene su postura de que la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán son esenciales no solo para la seguridad japonesa, sino para el orden regional. Japón, que busca acelerar el fortalecimiento de su defensa y profundizar su cooperación con Estados Unidos, debe a la vez equilibrar su relación económica con China, uno de sus principales socios comerciales.








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