Los precios suben en ascensor y los sueldos por escalera: el salario de los trabajadores no levanta cabeza
Los números son contundentes: los precios se frenaron, pero los sueldos quedaron clavados. Consultoras de distintos espacios y hasta la Universidad de Buenos Aires coinciden en un mismo diagnóstico: el poder adquisitivo de los trabajadores sigue en caída libre, muy lejos de los niveles previos a la crisis de 2023.
Según la consultora Empiria, el ingreso disponible promedio bajó de un índice superior a 105 en noviembre de 2023 a menos de 99 en la actualidad. El retroceso se explica por tarifazos, aumentos de servicios y salarios que no acompañan. En la misma línea, Vectorial precisó que los sueldos registrados están 4,7 por ciento por debajo de noviembre de 2023 y que la pérdida llega al 10,8 por ciento real si se mide con la inflación actualizada.
acabo de tener una entrevista virtual para un call center part time y atentis al sueldo 250 MIL PESOS BÁSICO pic.twitter.com/jiSZwNpPjr
— abru ★ (@talvezsoyabril) November 11, 2025
El golpe más duro lo sienten los empleados públicos, que arrastran una pérdida del 13,2 por ciento desde comienzos de año. Los privados tampoco se salvan: apenas recuperaron los niveles del año pasado y siguen sin poder ganarle al costo de vida.
El dato más alarmante llega desde la UBA, que reveló que el salario mínimo actual vale menos que en 2001. En pesos constantes, pasó de 486 mil en noviembre de 2023 a apenas 322 mil en la actualidad. En términos reales, la caída acumulada es del 34 por ciento, y hoy se ubica 63 por ciento por debajo de su punto máximo histórico, registrado en 2011.
La consultora Equilibra calculó que el poder de compra de los salarios formales se desplomó 19 por ciento en los últimos dos años, lo que equivale a dos meses enteros de ingreso perdidos. Los jubilados, en tanto, están entre los más afectados: los medicamentos subieron más del 400 por ciento en el año y la cobertura del PAMI se redujo drásticamente, obligándolos a pagar hasta el 60 por ciento del precio de cada remedio.
Con el consumo en picada y los bolsillos vacíos, el supuesto “control” de precios se sostiene sobre una recesión profunda. Las familias llegan con lo justo, los comercios venden menos y la economía se enfría a pasos acelerados. La estabilidad, otra vez, parece estar construida sobre el sacrificio de los que menos tienen.








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