Como Venecia, pero sin glamour: mientras Kicillof rosquea, los productores bonaerenses siguen tapados por el agua
Las inundaciones que afectan al centro y oeste de la provincia de Buenos Aires volvieron a dejar en evidencia un viejo problema que ninguna gestión logró resolver del todo, pero que hoy golpea de lleno al gobernador Axel Kicillof: las obras inconclusas en la cuenca del Río Salado, un proyecto clave para evitar el anegamiento de millones de hectáreas productivas.
Durante los últimos meses, más de cinco millones de hectáreas quedaron bajo el agua, afectando caminos rurales, estancias y la actividad agropecuaria en uno de los corazones productivos más importantes del país.
Más de 162 mil hectáreas inundadas en la provincia de Buenos Aires .
— La Matancera AntiK 1 (@martinezmerce18) November 10, 2025
Seis años de Gestión de Axel Kicillof no hizo una sola obra ! pic.twitter.com/puW53tVpdR
El fenómeno climático —que duplicó los niveles normales de precipitaciones— se combinó con la paralización y los retrasos en la infraestructura hídrica, generando un escenario de pérdidas económicas y enojo entre los productores.
Desde la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) señalaron que la situación “es una sumatoria de falta de obras, falta de mantenimiento y lluvias excesivas”, apuntando directamente a la inacción del gobierno provincial. El propio secretario de la entidad, Pablo Ginestet, recordó que el problema no es nuevo, pero advirtió que “este año no se avanzó prácticamente nada en los tramos pendientes de la cuenca del Salado”.
El mega proyecto —que comenzó hace más de 25 años— busca ampliar y profundizar el cauce del río, que atraviesa más de 50 municipios bonaerenses y abarca un 55% de la superficie provincial. Sin embargo, los avances son lentos y los tramos más críticos siguen sin completarse.
Según datos oficiales, aún restan 33 kilómetros del tramo IV, etapa 2, que incluye a los municipios de Roque Pérez, Lobos y 25 de Mayo. En teoría, las obras debían estar finalizadas en mayo de este año, pero el gobierno de Kicillof no logró garantizar la continuidad del financiamiento ni la ejecución de los trabajos, que quedaron neutralizados en febrero.
Desde la administración bonaerense responsabilizan a la Nación por haber suspendido los fondos, aunque el Gobierno nacional —tras reuniones con la Mesa de Enlace— informó que las obras se reactivaron en septiembre con financiamiento propio. Incluso, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich aseguró durante su visita a la zona que “la cuarta etapa del Salado ya está en marcha desde septiembre”.
Mientras tanto, el tramo V —que depende directamente del gobierno de Kicillof y cuenta con financiamiento del Banco Europeo de Inversión— permanece virtualmente paralizado. En ese contexto, los intendentes de municipios rurales reclaman que la provincia asuma su parte y acelere la ejecución.
Las consecuencias de esta demora son visibles: campos aislados, caminos destruidos y pérdidas millonarias en el sector agropecuario, que ya arrastraba las secuelas de la sequía de 2023. “Se prometieron avances y lo único que vemos son retroexcavadoras quietas”, lamentó un productor de 25 de Mayo.
Kicillof, que en los últimos meses concentró su discurso en la “falta de apoyo de Nación”, enfrenta crecientes críticas por no haber priorizado una obra que podría haber mitigado el impacto de las inundaciones actuales.
La cuenca del Salado no solo es una deuda de infraestructura: se ha convertido en un símbolo del estancamiento bonaerense, donde las obras se anuncian con bombos y platillos, pero se detienen a mitad de camino.
Con nuevas alertas meteorológicas emitidas para esta semana y con los campos nuevamente bajo el agua, la gestión provincial vuelve a quedar empantanada —literal y políticamente— en su propia falta de ejecución.








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