Avión ruso sancionado pasó por Caracas, La Habana y Managua y despertó alertas en la región
Un enorme avión carguero de una compañía rusa sancionada por Estados Unidos por presunto comercio de armas y transporte de mercenarios estuvo en los últimos días de octubre por América Latina. Según datos de la web Flightradar24, la aeronave pasó por Caracas, La Habana y Managua: las capitales de una troika que mantiene su alianza ideológica y conserva el refugio político como tres de las naciones más autoritarias y aisladas de la región.
El despliegue llega en un contexto de tensión entre Venezuela y Estados Unidos por la presencia militar del país sudamericano en el Caribe. Tras las elecciones presidenciales de 2024 —cuyos resultados no fueron reconocidos por buena parte de la comunidad internacional— Caracas perdió varios puentes diplomáticos. Frente a esa presión, el gobierno de Nicolás Maduro recibió el apoyo público de Cuba y Nicaragua, aunque ese respaldo se mantiene por ahora en el plano discursivo.
🇷🇺 Rusia será severamente castigada si envía material bélico a Venezuela
— Jesus Romero (@CommanderRomero) October 31, 2025
El reciente aterrizaje en Caracas de un Ilyushin IL-76 ruso reaviva inquietudes sobre un posible traslado de material militar o apoyo logístico a actores pro-régimen. En febrero de 2018, durante la Batalla… pic.twitter.com/TenB6MAJWq
Más allá de la cercanía política, los tres gobiernos comparten tácticas de control interno. Tanto Nicolás Maduro, como Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel aplicaron en los últimos años oleadas represivas contra la disidencia que asfixiaron a la oposición y provocaron, en distinta magnitud, importantes éxodos migratorios.
“Hay una alianza estratégica entre estos países, se perciben como necesarios mutuamente. Cuba y Nicaragua ven como muy necesaria a Venezuela que, con todo lo deteriorado de la economía, es el único que tiene ingresos más abundantes”, explicó a CNN el analista y docente Ángel Álvarez, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Notre Dame (Indiana).
Un eje del siglo XXI
Las relaciones actuales se remontan a los años del fallecido Hugo Chávez, quien impulsó el ALBA y proclamó su alianza con la Cuba de Fidel Castro en 2004, configurando un eje ideológico que se extendió por el Caribe. En ese período, Venezuela también promovió Petrocaribe, un mecanismo de cooperación petrolera con beneficios preferenciales que fortaleció el vínculo regional.
Sin embargo, la llamada “petrodiplomacia” venezolana perdió fuerza en la última década por la caída de la producción de PDVSA. Según datos de Reuters, los envíos a Cuba —que llegaron a alcanzar los 100.000 barriles diarios— se redujeron hasta los 20.000, con un repunte durante 2025. Sobre Nicaragua no hay cifras oficiales recientes.
Para Kenneth Ramírez, presidente del Consejo Venezolano de Relaciones Internacionales (COVRI), la alianza no se debilita pese a la reducción del poder energético: “El petróleo tiene un peso más reducido si lo comparamos con los años de Chávez, pero sigue siendo importante y Maduro trata de sacarle el máximo partido posible. Los vínculos se mantienen firmes porque hay una identidad ideológica”.
Álvarez coincide: “La convicción de las élites es que este es el modelo a seguir: centralización del poder, reducción de la oposición y control total del Estado. También hay una alianza estratégica”.
Venezuela, Cuba y Nicaragua suelen expresar solidaridad mutua en foros internacionales, especialmente frente a las acciones de Estados Unidos, a las que califican de “imperialistas”. No obstante, la coalición se mantiene al margen de organismos regionales como la OEA o el Tiar, y su influencia diplomática es hoy limitada.








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