Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA
El 10 de noviembre de 1916 nacía en Buenos Aires Julio Victorio De Rissio, alias “Tangalanga”, el humorista que convirtió la llamada anónima en escena estética, la interrupción en gesto nacional, y el insulto del interlocutor en una defensa ante la creatividad de un humorista elegante para decir la mala palabra.
No fue comediante: fue un artista en de la puteada y de la incomodidad. Fue el creador de un género: el enojo espontáneo derivado de una llamada inesperada. Fue un auténtico dramaturgo del malentendido, capaz de arrancar una sonrisa a partir de su ingenio. Su obra se grabó en cassettes piratas que circularon en oficinas, en taxis, en salas de espera de consultorios, y que se convirtieron en charla de sobremesas. Tangalanga no hacía bromas, hacía humor porteño.
Sus llamadas no eran chistes. Por el contrario, emoezaban como el planteo de un hombre serio que necesitaba dar solución a un problema. El odontólogo, el masajista, el peluquero, el maestro particular, todos fueron convocados a una escena sin aviso, donde lo absurdo y lo bizarro se volvían espejo. Tangalanga no buscaba reírse del otro, sino revelar el teatro involuntario que todos llevamos dentro. Su manejo perfecto del tempo y su capacidad para escalar el conflicto sin perder el ritmo, lo convirtieron en un director de actores que no sabían que estaban actuando.
En tiempos en que no habia redes sociales, Tangalanga fue el primer fenómeno viral. Su modus operandi era infalible: llamaba, interrumpía, y luego dejaba que el pasamanos hiciera su trabajo. Su ética era la del gesto: si el otro respondía con violencia, él lo convertía en música. Si el otro se defendía con lógica, él lo desarmaba con el absurdo. Y si el otro se rendía, lo volvía a llamar.
Tangalanga tenía los códigos la masculinidad argentina de su época: sus interlocutores eran hombres, nunca fueron mujeres. La respuesta era casi siempre la misma: insulto y amenaza, en un torpe intento de restaurar el orden. Pero el humor de Tangalanga era infalible. Siempre salió airoso de todas sus llamadas.
Hoy, en el aniversario de su natalicio, su obra sigue circulando como un virus amable. Ya no lo hace entonces cassette porque ahora está en YouTube. No envejece porque se convirtió en un vino que con el paso del tiempo mejora. Lo cierto es que sin más producción que un teléfono y una guía de abonados, supo conquistar a quienes lo vieron en sus tempos de esplendor y a las nuevas generaciones.








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