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VIDEO | Crónica de un fracaso anunciado: Caputo se está fumando los dólares del campo

El ministro de Economía creó un salvataje hasta que llegue la plata de Estados Unidos, pero los verdes se le escapan de las manos. (Foto: GROK - IA)

En lo que se perfila como otro capítulo de una gestión económica marcada por la improvisación y la opacidad, el esperado desembarco de dólares del campo se ha convertido en un espejismo. El pacto con las cerealeras, sellado a puertas cerradas por el ministro Luis "Toto" Caputo, generó una liquidación récord que superó los 7.100 millones de dólares. La promesa tácita era clara: oxígeno financiero para surfear holgadamente hasta las elecciones del 26 de octubre. Sin embargo, esa lluvia de divisas se evaporóen el aire enredaderas de la Plaza de Mayo, dejando al descubierto una operatoria que bordea el escándalo.

La ecuación, en su simpleza, es demoledora. Para atraer esa montaña de dólares, el Tesoro Nacional decidió una medida de alto costo: bajar a cero las retenciones al campo, un gesto que le significó un agujero fiscal de aproximadamente 1.200 millones de dólares. A cambio, ¿qué obtuvo? No los 7.100 millones de dólares, sino una fracción: apenas 2.200 millones ingresaron a las arcas oficiales. El resto, simplemente, no está. La pregunta sobre el paradero de esos miles de millones de dólares flota en el ambiente, sin respuesta oficial, alimentando toda clase de especulaciones.

Pero el drama no termina ahí. Esos 2.200 millones que sí llegaron están siendo consumidos a una velocidad vertiginosa. En un acto de pura desesperación, Caputo ha lanzado buena parte de esas reservas a la hoguera de la intervención cambiaria, intentando contener una corrida que parece imparrable. Solo este miércoles, la quema se estima en una cifra entre 350 y 500 millones de dólares. El resultado de semejante sacrificio fue un magro consuelo: el dólar oficial, lejos de amainar, trepó un 3,6 por ciento.

El diagnóstico de los operadores de mercado es lapidario. Con este ritmo de ventas, el poder de fuego del Tesoro tiene una vida útil que no supera las cuatro ruedas. El ministro, en un gesto que delata la magnitud de la crisis, ya habría consumido la mitad del arsenal en apenas unos días. La brecha cambiaria, lejos de cerrarse, actúa como un imán para más presión especulativa. A esto se le suma un factor estacional letal: el cobro de salarios, que convertirá pesos "encerrados" en manos de empresas en dinero listo para demandar dólares en el circuito minorista.

El calendario, por su parte, se convirtió en el peor enemigo del gobierno. Los cálculos ya no se proyectan hacia las elecciones de octubre, sino que se han acortado drásticamente. La nueva meta, ahora, es el 14 de octubre: el día en que Javier Milei se reunirá con Donald Trump. En los pasillos del poder se aferran a la esperanza de que un milagro surgido de la Casa Blanca pueda calmar los nervios de un mercado que les ha dado la espalda. Mientras tanto, la administración libertaria navega en un mar de dudas, con las reservas menguantes y la credibilidad por los suelos, contando los días para una cumbre que se ha transformado en su última y desesperada tabla de salvación.

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