VIDEO | El día que Carlos Reutemann no fue campeón por un punto
Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA
Por apenas un suspiro, ese 17 de octubre de 1981 Carlos Alberto Reutemann dejó ir en cámara lenta, el campeonato del mundo de Fórmula 1. En Las Vegas, mientras el sol caía sobre el circuito, el piloto argentino se bajaba del Williams con la dignidad intacta, pero con las manos vacías.
Llegó a la carrera como líder, con un punto de ventaja sobre Nelson Piquet. Bastaba con terminar por delante del brasileño o, al menos, cerca. Pero el auto no respondió, o el cuerpo no quiso. Reutemann largó desde la pole, pero en pocas vueltas ya era una sombra que se deslizaba sin potencia ni destino. Piquet cruzó la meta en el quinto puesto, por delante de la octava colocación que logró el argentino.
No hubo quejas. No hubo excusas. Solo un silencio. Reutemann no lloró, ni gritó. Se fue caminando, como quien entiende que hay derrotas que no se explican, se archivan. Y en ese archivo, el “Lole” ocupa un lugar que ningún trofeo, por grande que sea, le puede disputar. A él no le hizo falta el triunfo para ser quien fue. No todos los corredores necesitan ganar algo para convertirse en leyenda.
La carrera fue una postal de la incomodidad. Un circuito difícil, un clima hostil, un piloto argentino que parecía correr contra algo más que sus rivales. Contra el desgaste, contra los nervios, contra las cosas que no salían ¿Contra el equipo Williams? y contra el tiempo. Sin embargo, ahí estaba: entero, sereno, estoico. Como si supiera que la historia no se alimenta solo de victorias, aceptó su destino protagonizando una escena que resiste el olvido.
A pesar de la derrota del argentino, aquel 17 de octubre fue una fecha importante para la patria deportiva. Fue el día en que un país entero entendió que la épica no siempre se escribe con laureles. A veces, la historia se graba en la piel con la tinta amarga del “casi”, del “por un punto”, del “si tan solo”. Ahí estaba Reutemann, eterno, en esa curva donde la gloria pasó de largo.
Hay campeonatos que se ganan. Y hay otros —más raros, más íntimos— que se pierden muriendo de pie, y terminan siendo más nuestros. Nos pasó con Reutemann y más tarde nos pasó en el fútbol, en Italia 90 y en Brasil 2014. El subcampeonato duele, solo en primera instancia. Con el paso del tiempo se convierte en un orgullo. Lamentablemente el santafesino no tuvo revancha. Se retiró en 1982.








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