Mary Ann Bevan, "la mujer más fea del mundo" que trabajó hasta el final para alimentar a sus hijos
Mary Ann Bevan fue durante años exhibida en ferias y circos como “la mujer más fea del mundo”. Pero detrás de ese título cruel se esconde una historia de lucha, amor y sacrificio que conmovió al mundo.
Nacida en Londres en 1874, Mary Ann Webster —su nombre de soltera— trabajaba como enfermera y llevaba una vida normal hasta que, a los 32 años, comenzó a notar un cambio en su cuerpo: su rostro, manos y pies empezaron a crecer desproporcionadamente. Sin saberlo, sufría de acromegalia, una enfermedad causada por el exceso de hormona del crecimiento.
Pese a los cambios físicos, se casó con Thomas Bevan, con quien tuvo cuatro hijos. Sin embargo, su esposo murió en 1914, y Mary Ann quedó sola y sin recursos para mantener a su familia.
Desesperada, decidió participar en un concurso de rarezas donde fue elegida como “la mujer más fea del mundo”. Aquello que parecía una humillación se convirtió en su forma de sobrevivir: fue contratada por circos y ferias en Estados Unidos, como el legendario Coney Island Dreamland, y más tarde por el Ringling Brothers Circus.
Durante años fue exhibida ante miles de personas que pagaban por verla, pero su objetivo siempre fue uno: darles de comer a sus hijos.
Pese a las burlas y la exposición, Mary Ann jamás perdió su dignidad. Quienes la conocieron aseguran que era una mujer amable, valiente y profundamente amorosa con su familia.
Murió en 1933, a los 59 años, en Londres. Hoy, más de un siglo después, su historia sigue recordándose no por su aspecto, sino por su fuerza y determinación para salir adelante en un mundo que no siempre fue justo con ella.








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