Creación de la Biblioteca Nacional, un faro de conocimiento en tiempos de revolución
Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA
El 13 de septiembre de 1810, en el contexto de una Buenos Aires convulsionada por los recientes sucesos de Mayo, el Gobierno patrio dispuso la creación de la Biblioteca Pública, conocida desde 1884 como la Biblioteca Nacional. Este hito, impulsado por Mariano Moreno, marcó un antes y un después en la historia cultural y educativa del Río de la Plata.
El secretario de la Junta, Mariano Moreno, fue designado Protector de la Biblioteca. Su visión era clara: crear un espacio donde la lectura fuera accesibles para todos, sin distinción de clase o condición. En un país que recién comenzaba a forjar su identidad, la Biblioteca Pública se erigió como un símbolo de progreso y emancipación intelectual.
La inauguración de la Biblioteca tuvo lugar en 1812. No fue un acto aislado, sino parte de un proyecto más amplio de modernización y democratización del saber. Moreno, influenciado por las ideas de la Ilustración, entendía que la educación era fundamental para el desarrollo de una sociedad libre y justa. La Biblioteca se convirtió en un bastión de la cultura y el conocimiento en medio de la lucha por la destrucción del viejo orden y su reemplazo por uno nuevo.
El primer acervo de la Biblioteca estuvo compuesto por libros donados por particulares y por la Junta de Gobierno. Entre las obras destacaban textos de historia, filosofía, ciencia y literatura, reflejando la diversidad de intereses y la amplitud de miras de sus fundadores. Este esfuerzo colectivo demostró el compromiso de la sociedad porteña con la educación y el progreso. Los libros no dejaron de llegar. Para 1823 ya contaba con más de 17.000 volúmenes. En 1882 tenía más de 36.000. En la actualidad son más de 3 millones, a los que se suman alrededor de 500.000 diarios y revistas.
A lo largo de los años, la actual Biblioteca Nacional ha sido testigo y protagonista de innumerables transformaciones. En 1810, y por espacio de dos años, comenzó a funcionar en el Cabildo de Buenos Aires. Luego se trasladó a la esquina de las actuales calles de Moreno y Perú, en el solar que hoy se conoce como la Manzana de las Luces. Para 1893 la locación quedó chica, por lo que debió mudarse a la calle México 564. En 1960, por decreto del presidente Arturo Frondizi, se decidió la construcción de un edificio destinado para la Biblioteca en lo que eran las ruinas del Palacio Unzué, que hasta 1955 funcionó como residencia presidencial y que la Revolución Fusiladora demolió a cañonazos. La obra comenzó en 1962, pero recién fue inaugurada en 1992.
La figura de Mariano Moreno sigue siendo un referente ineludible en la historia de la Biblioteca, pero no la única. Sus directores más emblemáticos fueron Paul Groussac, entre 1885 y 1929; Gustavo Martínez Zuviría, entre 1931 y 1955 y Jorge Luis Borges, entre 1955 y 1973. Groussac y Borges tuvieron la particularidad de ser ciegos, al igual que José Marmol, que estuvo en el cargo entre 1858 y 1871.
En la actualidad, la Biblioteca Nacional no solo preserva el patrimonio bibliográfico del país, sino que también promueve la investigación, la cultura y el acceso libre a la información. Sus puertas están abiertas a todos aquellos que buscan aprender, investigar o simplemente disfrutar del placer de la lectura.








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