La historia viviente
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El 9 de julio de 1947 el general Juan Domingo Perón declaró la independencia económica de la República Argentina

El Gobierno de Perón puso fin al ruinoso pacto Roca-Runciman, que le daba jugosas ventajas a los ingleses a cambio de seguir comprando carne argentina.

Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA

En 1816 el país alcanzó la independencia política, en primer término, respecto de España y luego se agregó al acta original "de toda dominación extranjera". La independencia abrió paso a un período que derivó en una anarquía como nunca antes se había visto por estas tierras, de la que sólo se pudo salir con un gobierno fuerte, encabezado por Juan Manuel de Rosas, que se prolongó durante casi veinte años.

El Restaurador de las Leyes cayó derrotado el 3 de febrero de 1852 por las tropas del caudillo entrerriano Justo José de Urquiza, a quien no le tembló la mano para armar un ejército con elementos extranjeros para derramar sangre argentina (el lector podrá poner el adjetivo calificativo que le parezca más adecuado). Luego de la caída del gobernador de Buenos Aires se reunió un Congreso General Constituyente en la provincia de Santa Fe, que sancionó una Constitución de neto corte liberal.

Esa Constitución fue jurada por todo el país, a excepción de la provincia de Buenos Aires, el 9 de julio de 1853. Los porteños no lo hicieron porque para entonces ya no eran parte de la Confederación Argentina. La ex capital del Virreinato del Río de la Plata tuvo su propio plexo normativo, de vida efímera, en 1854. La unidad nacional se alcanzó en 1862, con la asunción de Bartolomé Mitre como presidente del país sin divisiones.

Las de Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda fueron las "presidencias históricas". Se denomina así al período de 18 años que se extendió desde 1862 hasta 1880 porque en ese tiempo pasaron cosas importantes. Bajo el lema Gobernar es poblar -de Juan Bautista Alberdi-se abrieron generosamente las puertas del país a la inmigración europea y se consolidó la nacionalidad argentina no como una barrera de contención a la apertura inmigratoria, si no como resultado de la suma del aporte de las nuevas culturas que enriquecieron al ser nacional. Se fortaleció un sistema republicano y federal, como lo marcaron los constituyentes de 1853. Y también se redactaron los códigos de fondo que se constituyeron en la columna vertebral del derecho argentino.

En 1880 hubo un quiebre en la historia argentina. Antes -a fines de 1877- una muerte allanó el camino para el cambio. El ministro Adolfo Alsina, a cargo de la solución para el problema de la frontera con los indios, falleció y fue reemplazado por el militar tucumano Julio Argentino Roca. El nuevo ministro de inmediato se lanzó a la ofensiva en la denominada Campaña del Desierto, para incorporar territorio al mapa de la nación, que se repartió entre los amigos del poder. El éxito contra los indios le abrió a Roca las puertas de la Casa Rosada.

Roca no llegó solo. Estuvo acompañado por la Generación del 80, un puñado de dirigentes cercanos nucleares en el Partido Autonomista Nacional (PAN) que en lo sucesivo se fue pasando el poder como si se fuera algo que les pertenecía a ellos, exclusivamente. Había elecciones, pero solamente como una formalidad. El partido gobernante conservaba el poder mediante el fraude electoral. Las cosas cambiaron en 1910, con la llegada de Roque Sáenz Peña, que impulsó la ley que lleva su nombre, para dar paso al voto secreto, universal y obligatorio.

En el plano económico la Generación del 80 adoptó un modelo agroexportador. La industria nacional no existía, porque todos los productos elaborados que se conseguían en el país eran importados. El modelo fue profundamente desigual porque no había una legislación protectora de la clase trabajadora, explotada a ultranza por los dueños de la tierra. Todo se desmoronó con la crisis mundial de 1929. En 1933 el vicepresidente Julio Argentino Pascual Roca viajó a Inglaterra a firmar un convenio que otorgaba jugosas ventajas a los ingleses a cambio de seguir comprando carne argentina. Arturo Jauretche lo definió como el "estatuto legal del coloniaje". Esa era, precisamente, la dependencia económica que Juan Domingo Perón extinguió el 9 de julio de 1947, tal como lo muestra el acta publicada por la web peronvencealtiempo.com.ar:

Acta de declaración de la independencia económica 9 de julio de 1947

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de mis novecientos cuarenta y siete, en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la Declaración de la Independencia política, sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas, reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne los representantes de la Nación en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras, para reafirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas hegemónicas económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados.

A tal fin los firmantes, en representación del pueblo de la Nación, comprometen las energías de su patriotismo y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política económica, para que en el campo del comercio internacional tengan base de discusión, negociación y comercialización los productos del trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y porvenir.

Así lo entienden, y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen, puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar más alto que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que puedan anotarse en el presente. Por ello, reafirman la voluntad de ser económica libres, como hace ciento treinta y un años proclamaron ser políticamente independientes.

Las fuerzas de la producción e industrialización tienen ahora una amplitud y alcance no conocidos y pueden ser superados por la acción y trabajo del pueblo de la República.

El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden juntamente con aquellos. La cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleo mundiales de las energías.

A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las hegemonías económicas mundiales o de las nacionales comprometidas con aquéllas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo, así como decidido voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente

Preambulo

Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando la Divina Providencia, en el nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión, los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana.

Así lo declaran y ratifican ante el pueblo y gobierno de la Nación, el gobierno y pueblo aquí representados, comprometiéndose, uno y otro, al cumplimiento y sostén de ésta, su voluntad bajo el seguro y garantía de sus vidas y honor.

Comuníquese a la Nación, y en obsequio del respeto que se debe a los demás Estados, detállense en un manifiesto y acta las fuentes determinantes de esta solemne declaración, dada en la Sala de Sesiones del Congreso de las Provincias Unidas, donde en mis ochocientos dieciséis se proclamaba la independencia de la República y refrendada por los representantes del pueblo y gobierno argentinos aquí reunidos.

Juan Domingo Perón, J. Hortensio Quijano, siguen las firmas.

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