Por Gustavo Zandonadi, especial para NOVA
En el corazón del barrio del Abasto, un niño llamado Aníbal Carmelo “Pichuco” Troilo vino al mundo el 11 de julio de 1914.
En el sitio todotango.com puede leerse:”El bandoneón lo atrapó cuando lo escuchó sonar en cafés de su barrio. Tenía 10 años cuando convenció a la madre de que le comprara uno. Lo obtuvieron a 140 pesos de entonces, a pagar en 14 cuotas, pero luego de la cuarta el comerciante murió y nunca nadie les reclamó el resto. Con ese instrumento tocó casi toda su vida. Su primer contacto con el público fue a los 11 años, en un escenario próximo al Abasto, bullicioso mercado frutihortícola convertido hoy en un shopping center. Luego integró una orquesta de señoritas, y a los 14 años ya tuvo la ocurrencia de formar un quinteto”.
De acuerdo con la web citada “En diciembre de 1930 integró el renombrado sexteto conducido por el violinista Elvino Vardaro y el pianista Osvaldo Pugliese, donde Pichuco tuvo de ladero por primera vez a Ciriaco Ortiz. El segundo violín del conjunto era Alfredo Gobbi, luego célebre director de orquesta. De ese mítico sexteto no quedó ningún registro discográfico”.
Valiosos acordes
A lo largo de su carrera, tocó en diversas orquestas, colaborando con figuras como Astor Piazzolla y Roberto Grela, pero fue con su propia orquesta que dejó una huella imborrable en la historia del tango. Antes de tener su propia orquesta, colaboró en las de Juan D’Arienzo, Ángel D’Agostino, Luis Petrucelli y en la Orquesta Típica Victor. De cada una aprendió cosas que contribuyeron a crear su estilo.
Su formación se convirtió en la favorita de los bailarines durante la edad de oro del tango (1940-1955). Por esos años tuvo cantores del nivel de Roberto Goyeneche, Edmundo Rivero y Francisco Fiorentino
El cambio de rumbo
A finales de la década de 1950, Troilo decidió explorar un sonido más concertístico, alejándose del estilo bailable Además, su colaboración con el guitarrista Roberto Grela dio lugar al Cuarteto Troilo-Grela. Posteriormente, en 1968, formó su propio conjunto, el Cuarteto Aníbal Troilo, con Ubaldo de Lío en guitarra eléctrica, Osvaldo Berlingieri en piano y Rafael del Bagno en contrabajo.
Legado eterno
Pichuco dejó una marca imborrable en la música argentina. Su pasión por el bandoneón, su talento como compositor y su liderazgo en la orquesta perduran en la memoria de los amantes del tango. Hoy, en el aniversario de su nacimiento, recordamos a Aníbal Troilo, el maestro que hizo vibrar los corazones con cada nota de su bandoneón. Murió en Buenos Aires el 18 de mayo de 1975 a los 60 años. Dejó un repertorio único que incluyó tangos de la calidad de “Toda mi vida”, “Barrio de tango”, “Pa’ que bailen los muchachos”, “Garúa”, “María”, “Sur”, “Romance de barrio”, “Che bandoneón”, “Discepolín”, “Responso”, “Patio mío”, “Una canción”, “La cantina”, “Desencuentro” y “La última curda”.








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