Martín Vestiga
Una producción de NOVA

Martín Vestiga y la Luna de Avellaneda: el Supremo de esa ciudad a los besos con una muchacha que no es su mujer

Martín Vestiga siempre atento a los chimentos políticos de todo lo que pasa en cada municipio de la provincia de Buenos Aires. (Dibujo: NOVA)

Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.

Esas cosas que sólo le pasan a gente como uno, y aparecen en momentos oportunos, con el ojo entrenado para las cuestiones sagaces y metido en los lugares donde la política bonaerense cree que no llegan los hombres que investigan de verdad.

Es obvio que mientras tomaba un café en Pertutti de Avellaneda, esperando que se haga la hora para ir a la cancha de Racing a disfrutar de un partido de Copa Libertadores, aparece una escena que dejó boquiabierta a mi compañía, pero que uno encuentra común.

En ese marco, me encontré con la escena que todos sabían, pero que pocos tienen el placer de haber visto. El Supremo de Avellaneda, a los besos con la mujer que le quita el sueño, pero que no es la que abraza todas las noches para ir a dormir, pese a sus sonrisas poco frecuentes.

La escena duró poco, se ve que El Supremo estaba apurado por ir a buscar al exministro del conurbano sureño, uno que sabía porqué le decían Lupín, aunque siempre lo menciona como El Flaco.

La chica, con atributos muy visibles, dejó los nervios que tuvo hasta hace algunos días atrás, cuando el tipo que juega con perros muertos se le ocurrió terminar su vínculo con ANSES.

Ella supo saborear de los placeres que significaron la época que El Supremo era amo y señor de la casa K, el Thing Thank camporista y que hoy no ahorra momento en mostrar sus diferencias.

Pese a eso, la chica agraciada, ahora responde a la estructura de la mujer que le quita el sueño al Presidente, aunque eso esté sólo permitido en Santiago Del Estero.

-Vos sabes amigo, le digo a Esteban Dido, que miraba azorado, acá todos comen bien. Nosotros no nos quedamos atrás, pero mejor no digamos nada porque nos mandan el carpetazo. Igual, mejor vamos yendo que con lo que están recaudando en los centros de reentrenamiento policial, los estacionamientos nos lo cobran en dólares.

El café de Pertutti se enfrió, por supuesto, pero las medialunas las envolvió para llevárselas como su profesión manda.

Es obvio que le pagan bien, pero en la Facultad se aprende todo. Las mañas primero, por eso, entre sanwichito y medialuna, agarré la primera avenida para escabullirme de los trapitos que habilitan para El Supremo.

-Pará Martín, me, dice el picaflor Esteban Dido. ¿Éste no quiere ser Gobernador y terminar con la secta patriótica?.

-Me extraña, Esteban, (le respondo) todavía no le da para ser el mandamás. Lo tiene que habilitar la patrona, que hasta ahora mostró que lo quiere menos que antes. Lo peor, va a terminar como la esposa de Pepe “Cornichelli”, la Victoria Golosa que no tiene Paz.

Ojalá que no puedas hacerle el amor cuando duermas con ella

Ojalá que no puedas hacerle el amor

Ojalá que no puedas

Ojalá que no puedas hacer que tu piel

Se agigante de sueños

Que se muera de ganas, que no tenga consuelo

Que le sangren las manos si acaricia tu piel

O acaricia tu pelo

Lectores: 512

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: