Gastronomía
Un mundo de sabores

Tortos con picadillo y huevos fritos, una joya oculta de la gastronomía asturiana

Se trata de una receta invernal típica de la región que no es tan conocida a nivel mundial.

La gastronomía asturiana es muy amplia y variada. Va desde la tradicional fabada, pasando por el pote típico, hasta el cachopo, que tan popular se ha vuelto actualmente. Sin embargo, también hay otros platos que son típicos en Asturias y que no son tan conocidos por el resto, como es el caso de los llamados "tortos" de maíz o "torta" con picadillo.

El plato asturiano típico del invierno (y también de otras épocas del año) que no es muy conocido es la torta asturiana con picadillo y huevos fritos, una receta antigua y muy reclamada entre los comensales de Asturias.

Rodrigo Cuevas, galardonado con el Premio Nacional de Músicas Actuales, dio a conocer a través de El Comidista, un plato tradicional de la cocina asturiana que es típico en la región, pero que no es tan conocido por el resto de los españoles. Se trata de "una torta" o también llamado "tortos" harina de maíz, que suelen ir acompañados picadillo de cerdo, huevos fritos y, en ocasiones, de patatas fritas.

Se trata de una receta tradicional asturiana que consiste en elaborar estos tortos (o torta) con harina de maíz, que posteriormente se presentan fritos en aceite de oliva o de girasol. Sin embargo, tal y como contaba Rodrigo Cuevas al medio especializado El Comidista, antes no se freía.

La receta antigua y original de los tortos de maíz pasaba por otra elaboración, concretamente, se solían hacerse a la plancha sobre la chapa de las antiguas cocinas de carbón. Antiguamente lo que se utilizaba en las casas asturianas para hacer este plato era otro tipo de grasa, sobre todo de cerdo.

Es una receta que se elabora desde hace mucho tiempo en Asturias en tanto que resulta sencilla y económica (si no se usa aceite). De hecho, para hacer un torto sólo necesita harina de maíz, sal y agua.

El proceso de elaboración de los tortos tampoco resulta complejo. Para empezar, hay que elaborar la masa y posteriormente, hacer pequeñas bolas del tamaño de una nuez.

Luego, con un paño húmedo o bien con las manos untadas con aceite de oliva, para que la masa no se nos pegue. El siguiente paso es aplastar la bola que hemos hecho hasta conseguir una masa plana. Hay que tener en cuenta que, cuanto más fina sea la masa, mejor será el resultado final, si bien es cierto que será más difícil freírlos sin que se rompan.

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