El líder republicano del Senado, defensor de la ayuda a Ucrania, dejará el cargo en noviembre
Cambio de guardia en Washington. Mitch McConnell, el hombre que ha dirigido el Partido Republicano en el Senado desde hace 17 años y medio, deja el cargo en noviembre.
Así lo anunció este miércoles McConnell, que cumplió 82 años la semana pasada, y que en los últimos meses se ha visto aquejado de problemas de salud que han sido a menudo citados como un ejemplo de la gerontocracia que dirige la primera potencia mundial.
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— Andres Gomez (@andreseliasgo) February 28, 2024
Pero la salida de McConnell del liderazgo republicano es un triunfo más para Donald Trump. McConnell es un republicano "a la vieja usanza", que hizo más que nadie y con más éxito que nadie para desgastar a Barack Obama en sus ocho años en la Casa Blanca, cuando infligió derrota tras derrota a los demócratas en las elecciones, y humillación tras humillación al presidente, con quien literalmente no se hablaba más allá de lo estrictamente necesario.
Su relación con Trump fue todavía peor. Pero con Joe Biden siempre se ha llevado bien, pese a las enormes divergencias ideológicas, entre otras cosas porque, como ha dicho el propio McConnell, el actual presidente "por lo menos escucha", algo que aparentemente ni Obama ni Trump hacían.
Así, McConnell es al menos, de puertas afuera defensor de la ortodoxia fiscal, pese a que su estado, Kentucky, tiene una balanza fiscal negativa épica, dado que por cada dólar que aporta a la Hacienda federal recibe a cambio 2,61 dólares.
En otras palabras: obtiene en transferencias casi el triple de lo que paga. Es una característica de EEUU, donde los estados republicanos, que tienden a ser más pobres, normalmente son subvencionados por los demócratas.
McConnell es también un decidido defensor del sistema de alianzas de Estados Unidos, lo que le ha llevado, contra viento y marea, a apostar por la ayuda militar a Ucrania.
El líder de la oposición en el Senado ha sido instrumental para diseñar y aprobar el paquete de ayuda a Kiev que el presidente de la Cámara de Representantes, el también republicano Mike Johnson, mantiene paralizado por órdenes de Trump.
Igualmente, McConnell se opone a cerrar mañana la Administración Pública, al impeachment tanto del secretario de Seguridad Interior Alejandro Mayorkas como del propio Joe Biden y a la politización de los órganos e instituciones del Estado que defienden Trump y sus seguidores.
Con todas esas ideas, era solo cuestión de tiempo que su influencia en el Senado acabara diluyéndose. Ahora, con su decisión de renunciar al cargo de líder del Partido Republicano, ya hay fecha de caducidad para ello.
Su probable sucesor, Rick Scott, de Florida, ha hecho lo que McConnell nunca quiso: una transformación del republicanismo tradicional al trumpismo, que ahora puede rendirle muchos frutos si, como parece probable, el Senado cae en manos del Partido Republicano el 5 de noviembre.
McConnell y Trump no se hablan desde que el 6 de enero de 2021 los seguidores de Trump asaltaron el Capitolio en un intento de impedir la ratificación de los resultados de las elecciones.
Durante las tres horas que duró su encierro en el sótano del edificio, con Trump negándose a pedir a sus partidarios que depusieran su actitud, McConnell decidió olvidarse de la existencia de Donald Trump.








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