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¿Lo sabías?

Los estudios médicos que analizaron los beneficios a la salud de realizar microsiestas a lo largo del día

Dormir una microsiesta no tiene el mismo efecto en personas que en pingüinos.

Cuando uno piensa en una siesta corta, lo asocia a dormir unos minutos en el sillón. O quizá tirarse 15 minutos en la cama, entre actividad y actividad. Sin embargo, eso es demasiado tiempo para lo que consideramos una microsiesta.

Las microsiesta, también conocidas como siestas flash, duran alrededor de 15 segundos. Sirven para cerrar los ojos por un pequeño momento y desconectarse.

Según un artículo de la BBC, existen muchos estudios científicos que buscan analizar cuáles son los verdaderos efectos para el organismo de estas siestas extremadamente cortas.

¿Cuáles son los beneficios de hacer microsiestas durante el día?

Para poder conocer los efectos de las microsiestas en el cerebro humano, Paul-Antoine Libourel, ecofisiólogo del sueño del Centro de Investigación de Neurociencias de Lyon, Francia, realizó una investigación donde midió la actividad cerebral y los patrones de sueño de 14 pingüinos en la isla Rey Jorge en la Antártida.

Durante el mes que duró la investigación, ninguno de los pingüinos durmió más de 34 segundos seguidos. Pero tuvieron más de 10 mil microsiestas que duraron menos de 4 segundos cada una, a veces afectando a la mitad del cerebro.

Aunque suele parecer poco tiempo, si se suman la cantidad total de microsiestas, llegaron a dormir unas 11 horas por día.

Sin embargo, otros expertos aseguran que no son buenas para el cerebro humano.

Esto se debe a que las situaciones a las que nos debemos enfrentar los seres humanos requieren mucha más atención. Por ejemplo, si estamos manejando por la ruta a altas velocidades, no podemos cerrar los ojos y dormir, aunque sea solo por unos segundos.

En los últimos años, hubo muchos estudios científicos en los cuales se intentó analizar qué causaban las microsiestas en los humanos. Sin embargo, los resultados no fueron realmente concluyentes.

No obstante, una investigación científica realizada en la Universidad de Canterbury, en Christchurch, Nueva Zelanda, presentó resultados sorprendentes para el mundo de la ciencia.

En lugar de una disminución constante de la actividad en el cerebro a medida que las personas dormían, se produjo un aumento en la actividad en la corteza frontal y parietal, las áreas que se extienden detrás de la frente. Esto puede ser una respuesta inconsciente para mantenerse despierto.

Esto no sucede en siestas largas ni en sueños profundos de la noche, lo que revela que las microsiestas son distintas, además de ser obviamente más cortas.

Al analizar con más detalle se pudo ver concluir:

Hubo un incremento en las ondas delta, beta y gamma durante un breve periodo de sueño: esto indica que al quedarnos dormidos, a pesar de que deberíamos estar atentos, nuestro cerebro detecta esta situación y se esfuerza por comenzar un proceso que nos despierte.

Cuando nos encontramos en una situación en la que debemos permanecer despiertos, como al manejar, pero el sueño es intenso y nuestro cerebro intenta tomar una microsiesta, muchas personas intentan prevenirlo tocándose la cara o alguna otra parte del cuerpo. Este gesto busca centrar la atención en el contacto físico para evitar que los ojos se cierren.

Según estas investigaciones, a diferencia de ciertos animales, como los pingüinos, para los seres humanos, las microsiestas durante el día no compensan la falta de un sueño nocturno reparador.

Si te encontrás recurriendo a estas siestas cortas demasiado a menudo, podría ser un indicativo de que no estás descansando adecuadamente por las noches.

Sin embargo, si no estás en medio de actividades que demanden tu atención plena, como manejar, no hay motivo por el cual unos pocos segundos de sueño adicional deban ser motivo de preocupación.

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