Panorama Político Nacional
Yo, la "Suprema"

Empezó a girar la ruleta del Frente de Todos y la interna kirchnerista se reproduce por culpa de la condenada

Un kirchnerista mirando la ruleta de precandidatos presidenciales de su espacio. (Dibujo: NOVA)

La interna del Frente de Todos se reproduce pero no avanza. Alberto Fernández está cada vez más aislado, aferrado a su exigencia de PASO competitivas, mientras observa con resignación cómo todos arman gravitando alrededor de Cristina Fernández. Este 25 de Mayo tuvo que concretar un exilio interno en Chapadmalal. Ya no puede ver la luz pública.

Si bien la vicepresidente elogió la “comprensión de texto” de la sociedad, sostuvo una falacia. Quienes han vivido a su sombra insisten en que no dijo lo que se cree, que no renunció a su candidatura, sino que le indicó a la dirigencia y a la sociedad que, si la quieren como candidata, deben movilizarse para hacer caer su presunta “proscripción”.

Por eso muchos se ilusionan con que finalmente sea candidata, ya que es la única que permitiría alcanzar la síntesis que evitaría la competencia en las PASO.

Quienes, en cambio, esperan una nueva confirmación de su paso al costado, coinciden en aceptar que sólo ella “sintetiza” la coalición, aunque con un fin muy diferente: garantizar las PASO competitivas para el caso de que no sea candidata.

En definitiva, Cristina también sufre la confusión general. Sabe que su plan de asegurar los pisos, entrar al ballotage como segunda fuerza y perder la batalla decisiva no enamora, pero al menos le da alguna chance de mantener la provincia de Buenos Aires como bunker para garantizar la continuidad de los leales en la función pública.

Justamente por el escaso entusiasmo que genera ese descarnado diagnóstico de derrota es que imagina enroques entre Eduardo “Wado” de Pedro y Axel Kicillof.

Claro está que esa arriesgada jugada puede tener un costo altísimo, ya que Axel no garantiza un triunfo electoral en las nacionales, y “Wado” podría perder en las PASO ante el tándem Daniel Scioli-Victoria Tolosa Paz. En este escenario sufriría más que una derrota: su propio liderazgo estallaría en mil pedazos.

También Cristina sabe que no puede evitar la competencia en las PASO sin sufrir un éxodo masivo de dirigentes y de agrupaciones territoriales y locales que irían detrás de otras opciones políticas, espantadas ante la alternativa de tener que seguir aplastadas bajo el yugo de La Cámpora.

Por eso dilata sus definiciones, da medias palabras, haciendo pasar el tiempo para que sus contrincantes internos no puedan cerrar las alianzas y acuerdos indispensables para confrontar a sus candidatos. A la postre, seguramente hayan PASO: la táctica de Cristina es armar un “equipo de las estrellas” para confrontar contra un combinado de jugadores al borde del retiro.

Mientras tanto fortalece su vínculo con Sergio Massa, quien parece haberse convencido de que, con estos indicadores de inflación y sin cierre de la negociación con el FMI, su candidatura podría significarle un suicidio político.

El ministro de Economía sacó un nuevo as de la manga: Gustavo Sáenz, el gobernador de Salta que acaba de ser reelecto. ¿Será el cisne negro que muchos esperaban?

Su candidatura sería una buena señal para el peronismo federal, pero también hacia la UCR (por la alianza jujeña entre Gerardo Morales y Massa), que podría sumar votos radicales en las generales en caso de que Patricia Bullrich termine imponiéndose en la interna ante el alcalde porteño.

En la celebración de este 25 de Mayo. Allí estarán presentes casi todos (menos Daniel Scioli), a uno y otro lado de la interna. Cristina lo capitalizará en su beneficio, mientras sigue dilatando las definiciones electorales para tratar de provocar la muerte por aislamiento e inanición de sus competidores internos. Quedó muy en claro su liderazgo y su capacidad de movilización. Nadie puede hacerle sombra.

En el acto de Plaza de Mayo las previsiones se confirmaron. Cristina no hizo referencias ni definiciones electorales. Más allá de la reivindicación de la década de gobierno que compartió con Néstor Kirchner, la vicepresidenta se colocó por encima de las internas y hasta de la confrontación con otras fuerzas políticas. Habló como estadista. Planteó un proyecto nacional que debería concretarse a través de la sumatoria y de la aglutinación de fuerzas.

No le habló a los propios, sino a los argentinos en general. No está claro de que quienes su ubican al otro lado de la grieta estén dispuestos a escucharla ni a creer en su sinceridad.

Si bien no hubo anuncios, la lluvia que se detuvo durante su discurso aplacó las expectativas sobre su candidatura. No apareció el astro en el firmamente, sino la estrella sobre el escenario. Habla la vicepresidente y el país se para. Nadie más consigue generar un fenómeno masivo similar. Pero sólo se mostró halagada por el reiterado reclamo de “Cristina Presidenta” o de “Una más, y no jodemos más”. Pero sólo les respondió con un silencio sepulcral.

En su programa, Cristina propuso algunos puntos clave que le sirvieron como eje: renegociar el acuerdo con el FMI, implementar un nuevo modelo productivo-tecnológico, redistribución de la riqueza, celebración de un nuevo pacto democrático y conformación de un nuevo Poder Judicial en sintonía con una sociedad democrática.

Cristina reafirmó su compromiso con el pueblo: “Hagan lo que hagan, me quiere matar, me quieren meter presa, nunca voy a ser de ellos. Yo soy del pueblo y de ahí no me muevo.”

Ante una plaza colmada, demostró que es, por lejos, la dirigente con mayor capacidad de movilización en la Argentina actual. Y si bien no dio definiciones electorales de manera explícita, lo hizo a través de la puesta en escena. A uno de sus lados “Wado” de Pedro, Sergio Massa y Máximo Kirchner. Al otro, su familia y Axel Kicillof. Cristina siempre ha sido refractaria a exponer a su grupo familiar. Hoy aparecieron allí. Junto al Gobernador.

También quedó en claro quienes se encolumnan detrás de su liderazgo. Corrida de la candidatura, cuesta imaginar cómo se armarían las listas de competidores internos de quien finalmente decida bendecir. Cristina, mal que les pese a muchos, sigue siendo la Jefa indiscutida de un colectivo heterogéneo. Medio millón de personas que no consiguió espantar la persistente tormenta. Cuesta imaginar quien podría componer una síntesis similar.

Sólo resta saber cuál será el impacto de su paso al costado para quienes se resisten a archivar sus expectativas de verla nuevamente como candidata.

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