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A destiempo

En el exacto momento en el que estaba parado frente al puesto de diarios pensando en esto y mirando de reojo alguna otra revista porno, ella, en un cybercafé, redactaba un segundo mail. (Dibujo: NOVA)

Por Agustina Naveyra

“Es ella. No pude ser casualidad encontrarla”…Pensó él.

Gritó su nombre, pero ella estaba, a todo volumen, escuchando música de Marilyn Manson.

El apuró el paso, pero ella, para entonces, ya le llevaba dos cuadras de ventaja.

Paró en un puesto de diarios, recuperando así el curso normal de su respiración. Durante la pausa, siguió con sus conjeturas mentales: “Bueno, hoy, sin falta, le respondo el mail que mandó quince días atrás y le explico el porqué de mi ausencia. Tiene que ceder…Si le intereso de verdad…va a aceptar un café de nuevo”.

En el exacto momento en el que estaba parado frente al puesto de diarios pensando en esto y mirando de reojo alguna otra revista porno, ella, en un cybercafé, redactaba un segundo mail:

“No se porqué te ausentaste, pero, ni siquiera te pedí que dieras la cara, te la hice fácil…Nos separaba un monitor y todo el mundo virtual…Igual, me hiciste un favor”.

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