Economía y Empresas
Ya está por debajo de los niveles de 2019

Se prende fuego el país: el ingreso por habitante se desplomó en los últimos cinco meses

La actividad económica entró en una nueva fase recesiva a partir de septiembre del año pasado, mientras que la inflación es la más alta observada desde 1991. (Dibujo: NOVA)

El Gobierno de Alberto Fernández enfrenta el que probablemente sea su último año de gestión con una incipiente recesión sobre el nivel de actividad. El INDEC anunció que la proxy del PBI mensual, el índice EMAE, creció solo un 0,3 por ciento en enero de 2023 frente al período precedente.

Se observó un crecimiento interanual del 2,9 por ciento según la serie original del indicador con respecto al mismo mes del año pasado, pero la variación interanual de la serie desestacionalizada fue prácticamente nula: la economía opera en los mismos niveles que tenía hace un año.

La situación dinámica es aún peor. La mayor parte del crecimiento del año 2022 se concentró en los primeros dos trimestres, pero el último cerró con una caída del 1,5 por ciento informada por el INDEC, y el índice EMAE acumuló una retracción del 2,56 por ciento desde agosto del año pasado.

La sequía afectó dramáticamente la situación del campo y la actividad de la Agricultura, ganadería, caza y silvicultura se desplomó un 15,5 por ciento interanual en enero de 2023. Este hecho restó aproximadamente 0,68 puntos porcentuales de crecimiento a la variación interanual de la actividad general.

Pero el estancamiento constituye un fenómeno generalizado que se viene produciendo en la economía desde septiembre de 2022. La producción industrial creció un 0,7 por ciento en enero, pero acumula una fuerte caída del 2,66 por ciento en comparación al nivel que tenía en agosto del año pasado. Del mismo modo, el índice ISAAC informado por el INDEC para la construcción obtuvo un rebote del 4,25 por ciento durante el primer mes del año, pero acumula una reversión del 7,74 por ciento contra julio de 2022.

A partir del mes de septiembre, la economía entró en una incipiente fase recesiva de la cual aún no logra recuperarse. Los pronósticos de las consultoras privadas sugieren que la actividad volverá a caer en el primer trimestre de 2023, dando lugar a una recesión formal propiamente dicha.

Después de tres años de gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, el ingreso promedio real por habitante retornó a un nivel similar al que había en noviembre de 2019. El EMAE ajustado por población acumuló una violenta caída del 3,2 por ciento entre agosto de 2022 y enero de este año, y solo supera en un 1,1 por ciento al nivel de noviembre de 2019.

El EMAE per cápita cayó un 12,05 por ciento desde septiembre de 2011, y la inflación interanual escaló del 25 al 102,5 por ciento en febrero de este año. Asimismo, la economía argentina solamente logró crecer un 2,15 por ciento desde enero de 2007, un resultado insuficiente y holgadamente menor al promedio mundial o incluso al promedio de la región.

Los principales pilares del modelo económico kirchnerista muestran claros resultados de agotamiento. La economía signada por los controles cambiarios, las retenciones a la exportación, las licencias no automáticas para las importaciones, la emisión monetaria sin respaldo para financiar el déficit fiscal, la rigidez de la legislación laboral y la estructura tributaria disfuncional terminaron por agotar el crecimiento.

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