El columnista invitado
¡Atención!

El derecho a ser feliz

El periodista Miguel Ángel de Renzis.

Por Miguel Ángel de Renzis, especial para NOVA

La felicidad es el goce pleno de un estado de ánimo con el objetivo que el hombre alcanza. Este sustantivo femenino habitualmente lo transformamos en plural cuando deseamos felicidades.

Al nacer sabemos que lo único seguro es que vamos a morir, cada uno de nosotros tiene una vida que no siempre es plena y que nos lleva inconscientemente a que otros objetivos logrados por terceros nos hagan felices.

Hay un fenómeno deportivo, que además es super profesional, que también es un fenómeno sociológico que sirve de ejemplo en este muestreo de cómo podemos ser felices con los objetivos de otros. Estamos hablando del futbol.

Quizás habrá que analizar cuál fue el fenómeno que, usando las extremidades del cuerpo, la cabeza o las piernas, se haya transformado en un popular aprendizaje universal, y donde la cuestión colectiva, once por cada lado, tiene una excepción, rara excepción. Salvo los arqueros, que están habilitados para el uso de manos, los otros diez jugadores, cuando el balón sale por los laterales, están habilitados al uso de sus manos.

A lo mejor por todo esto, donde todo el cuerpo está activo, se transformó en pasión.

Sin embargo hay otro análisis. Cuando los ingleses que vinieron con los ferrocarriles trajeron este deporte al país, inmediatamente fue adoptado por los más humildes, que sabían que juntando las chirolas podían comprar un balón y pasar largas horas entretenidos.

El impacto que dos millones de personas pretendieran a través de Internet lograr una ubicación en River para la presentación de la selección argentina de futbol, con precios exorbitantes, es un indicativo de buscar un ratito de felicidad que terceros produjeron en el pueblo argentino.

Los 5 millones de personas que frustraron la llegada de los campeones del mundo al obelisco son otra prueba de que fuimos felices por lo que hicieron otros que nos representan a la totalidad de la sociedad. Parecía que ellos venían a resolver todos nuestros fracasos. Y nos hicieron felices porque Ellos fueron Campeones del Mundo.

Y además porque en Qatar la multitud de nacionales que hicieron que el universo entero escuchara y viera como el juego deportivo era acompañado por miles de argentinos presentes en el estadio, que creaban una incógnita sobre la situación económica que atravesábamos.

Es que el trofeo internacional convoca más allá de los habituales espectadores, al conjunto de la sociedad.

Pocos reparamos que salvo el arquero de River, Franco Armani, todos los demás, incluyendo al director técnico, son consecuencia de la exportación humana que hacemos de nuestro talento deportivo, por no saber resolver los otros problemas que nos entristecen, las crisis económicas, la constante inflación, y el estado fallido argentino.

El futbol es utilizado habitualmente para hacer política, y la política toma del futbol a diversos personajes.

También los periodistas somos parte de esta situación. Todavía retumba el recordado Luis Elías Sojit cuando, cubriendo los éxitos de Juan Manuel Fangio, remataba con la frase “Perón apoya el deporte”.

O lo ocurrido con José María Muñoz, cuando, utilizado por la dictadura del ultimo proceso militar que derrocó al Gobierno peronista de María Estela Martínez de Perón, tuvo aquella frase de “Los argentinos somos derechos y humanos”, cuando una comisión internacional de derechos humanos investigaba lo que pasaba en la Argentina.

También la disputa para saber de qué cuadro era simpatizante los más trascendentes personajes de la política.

Antonio Cafiero, cuando ya no vivía Juan Domingo Perón, inventó que el General era de Boca, porque él lo era. La historia cuenta que Perón era de Racing, de hecho su estadio se llama Presidente Perón. Pero en realidad el General tenía cierta simpatía oculta por Tigre.

Nada más contradictorio en la historiografía nacional que el nombre de Sarmiento que llevan algunos clubes, sobre todo para el peronismo, que levanta la trilogía nacional de San Martin, Rosas, Perón.

Sin embargo, el estadio de Sarmiento de Junín se llama Eva Perón, en homenaje a los Duarte, originarios de aquellos lugares.

Y así dos jugadores de Sarmiento de Junín, Donatti y Lisandro Lopez, pueden decir que son de los pocos que fueron locales en el Presidente Perón y en el Eva Perón, ambos campeones con Racing que hoy juegan en Sarmiento.

María Eva, antes de ser Evita, hizo publicidad vestida con la camiseta de Boca, en su momento de actriz.

El actual ministro de Turismo de la Nación, sin ningún mérito político y más allá de su pensamiento socialista, fue elegido por Alberto Fernandez después que, como presidente de San Lorenzo trascendiera en los medios por estar al lado de Marcelo Tinelli.

Gremialistas apasionados se complicaron la vida como Juan José Zanola, titular de la Bancaria, en Huracán, o Hugo Moyano, recientemente en Independiente.

Todo es pasión y también todo es interés, porque el futbol mueve multitudes.

La dictadura de Lanusse armó una formula papelonera con la candidatura del Brigadier Ezequiel Martínez y llevaron de candidato a gobernador de Buenos Aires al entonces presidente de Boca, Alberto Armando, al que apretaron para que aceptara la candidatura, con una deuda impositiva que tenía con el Estado, como concesionario de automóviles.

El más reciente trampolín es el de Mauricio Macri, de Boca a la Ciudad, de la Ciudad a la presidencia, y del endeudamiento con el Fondo Monetario y con créditos a 100 años que deberán saldar los nietos de nuestros nietos, a manejar los dineros de la Fundación de FIFA. Y por supuesto, Lionel Messi no podía negarle una foto a un funcionario de FIFA.

Eduardo Deluca, que fuera secretario de la Confederación Sudamericana, era presidente de Defensiones de Belgrano.

Para no hacerlo tan largo tratamos de recordar lo escondido detrás de la pasión.

Abundan cientos de casos, pero además, los distintos fracasos de los gobiernos redujeron los momentos de felicidad de nuestro pueblo y entonces lo que hicieron esos gladiadores deportivos, como alguna vez Fangio, otra vez Pascualito Perez, como alguna vez las Leonas, en otra instancia los Pumas, o los campeones del basketball, o tantas otras satisfacciones olímpicas o internacionales, crearon pequeños estados de júbilo en la sociedad.

Pero nada tan multiplicador y masivo como el futbol.

Y nuestro pueblo fue feliz. Es decir, por un rato ejercieron uno de los derechos de la vida, solo logrado por momentos en la Argentina contemporánea. Nuestro Pueblo tiene derecho a ser feliz.

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