Editorial
Se define el futuro

El año menos esperado para el Frente de Todos

El país ingresó al año más polémico de la política kirchnerista. (Dibujo: NOVA)

El escenario base de la oposición es demasiado optimista y se sesga a lo siguiente: "Todo esto le explota seguramente a Alberto Fernández".

Si bien en la Argentina de hoy ningún evento tiene probabilidad cero, yo no coincido con dicho escenario base y me pregunto: ¿Cuál es el Plan B opositor en caso de que Alberto termine su mandato sin una crisis estilo 2001?

En la gestión de Mauricio Macri no huvo Plan B, por lo que en el imaginario se estima que esta vez la estrategia opositora habrá evolucionado en algo. Si esta secuencia dramática de excesos que viene acumulando la economía argentina desde hace más de una década no erupciona en 2023.

¿Cómo piensa la oposición encarar un escenario que sería el peor posible a la hora de asumir una economía a punto de vomitar, pero con toda la indigestión contenida que enfrentará a una sociedad que sólo espera soluciones?

No queda claro que la oposición haya aprendido lo vivido en 2015-2019: de la euforia y esperanza electoral a la frustración inmediata sólo bastó una sequía y lo que se viene es muchísimo peor a cualquier evento observado durante el periodo de Mauricio.

La debacle de Mauricio comienza con la sequía y por entonces la sociedad se quejaba de un dólar en 20 y una inflación al 25 por ciento.

Hoy, en tiempos de Alberto, la sequía probablemente será más grave y tenemos un dólar cerca de 380 y una inflación rondando el 100 por ciento. Los personajes opositores no estarán pensando otra vez en gradualismo, ¿no?

Si se diese el escenario base opositor, o sea, con explosión antes de diciembre 2023, cuando asuma el próximo presidente la cirugía ya estaría hecha y entonces no habría costo político.

Demasiado fácil para una Argentina que nunca es dócil a la hora de recibir a un Presidente no peronista y sabiendo además lo hábil que es el peronismo a la hora de manejar el poder y de orquestar herencias futuras que condicionen todo un actuar económico y social por años enteros.

¿Será esta la forma de pensar de la oposición? Si ese fuese el caso, la ingenuidad desnudaría una gran debilidad conceptual.

La coyuntura: Inflación al 100 por ciento y dólar en 380. La realidad económica argentina se caracteriza por un Gobierno que dice poco y una oposición que tampoco sugiere nada y, en el medio, 46 millones de almas esperando una decisión que probablemente no venga hasta enero 2024 y, sea cual fuera, generará mucho dolor.

El peronismo es muy astuto y supera ampliamente a la oposición en el armado de estrategias de supervivencia de corto plazo.

En el imaginario está impuesto que si el peronismo fuese oposición estaría anunciando ahora mismo un Plan Bonex al asumir. Dicho anuncio generaría corrida de depósitos y un salto histérico del dólar implicando que la cirugía estaría hecha con todos los costos absorbidos por el actual Gobierno tal como le pasó a Mauricio con la devaluación final, el default de la deuda en pesos y la instauración del cepo del dólar.

Alberto asume con un dólar ya devaluado y con la deuda argentina descontando una restructuración inminente. O sea, gran parte de la cirugía inicial la absorbió Mauricio antes de irse por una sencilla razón: el mercado se anticipó al anuncio del próximo presidente en una clásica reacción de profecía autocumplida, un clásico de las expectativas racionales.

De esta forma y pensando hipotéticamente, si la oposición anunciase algo en este frente, dicho evento pondría en el Gobierno actual toda la carga del ajuste, pero se sabe que la oposición jamás haría algo así, los pibes opositores son "los buenos de esta película".

Por lo tanto, la oposición argentina tiene un notable talento masoquista a la hora de hacerse cargo de herencias pasadas, y en ese frente me permito sugerirles que empiecen a pensar en el Plan B, aquel plan a ejecutar cuando todos los excesos actuales sean súbitamente problema del próximo presidente porque la bomba no le explotó a Alberto.

La crisis que tarde o temprano se viene y será peor que la vivida en 2001. Si le explota a Alberto, el kirchnerismo puede terminar como el menemismo, sin chances de retorno, y el Frente de Todos (FdT) a esto lo entiende muy bien.

De ahí lo excluyentemente importante de evitar la crisis, de esquivar el formidable ajuste que a esta altura es urgentísimo y de vivir la cruel realidad actual como la oportunidad de retornar victoriosos en 2025 o sea, sería toda la misma película que vimos desde 2015 a 2019.

El Gobierno que absorba los formidables costos de la crisis que se nos viene estará terminado para siempre, de ahí que la única pulseada que importa en este largo 2023 que deberemos fumarnos es: ¿A quién le atribuyen esta criatura explosiva que supimos alimentar?

Si le explota al próximo Presidente, en días puede perder todo su apoyo electoral. Y ese grado de preocupación y de urgencia en el arco opositor está.

Esto no es Narnia, esto es Peronia y si el dólar sigue el ritmo de la inflación de 2023, en diciembre superará los 700 con todo el efecto psicológico que eso genera en los argentinos.

Cada Gobierno desde 1983 agregó una capa adicional de empleo público favoreciendo a su propia gente. Ya van 40 largos años de hacer siempre lo mismo y por lo tanto hay una crosta bien alta de empleo público absolutamente improductivo que hay que mantener.

¿Es corregible tanto exceso o la dinámica es ya irreversible? Esta es una de las tantas preguntas que deberá responder el pobre próximo mandatario de los argentinos.

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