La columnista invitada
Educación

Inicio del ciclo lectivo 2023 en un contexto que se opone al desarrollo integral de los niños, niñas y adolescentes

Por la licenciada Alejandra Perinetti, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, especial para NOVA.

Por la licenciada Alejandra Perinetti, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina, especial para NOVA

Las infancias y adolescencias en Argentina se encuentran vulnerables frente al comienzo del nuevo ciclo lectivo. La falta de acceso al derecho a la educación, y la labilidad para su sostenimiento, forma parte de un entramado social, político y económico que está resultando muy difícil revertir.

Hoy en día, los números reflejan un problema que crece y que es urgente tratarlo en toda su complejidad. Se estima que 653.000 niños de entre cuatro y 17 años no van a la escuela, que uno de cada dos adolescentes que empieza el secundario logra terminarlo, que más de 70.000 adolescentes dejan de estudiar porque necesitan trabajar para subsistir y que 55 mil adolescentes abandonan la escuela cada año por embarazo o cuidado de otros niños.

Estos datos reafirman que la pobreza y la consecuente necesidad de ingresar rápidamente a actividades laborales para subsistir, impactan de manera directa en el acceso a la educación. Asimismo, el difícil sostenimiento de la escuela para aquellos que logran acceder, se vincula con condiciones de precariedad en lo habitacional, sanitario y en los cuidados; al igual que, y bajo el mismo entramado, los niños, niñas y adolescentes están más expuestos a vivir situaciones de maltrato que dejan traumas, y que no permiten su desarrollo pleno.

No quedan dudas que los hogares más empobrecidos y marginales cuentan con trayectorias educativas más deficientes y registran mayor retraso educativo a causa de inasistencias, abandono y rezago escolar. Esto aumenta las brechas y dificulta las posibilidades de construir un proyecto de vida. Los expone al trabajo precarizado y de forma temprana, lo que impacta negativamente en su desarrollo cultural, económico, social y ocupacional, trazando un futuro complejo que suele repetir las historias de sus progenitores.

Que uno de cada 13 niños, niñas y adolescentes de entre cinco y 17 años realice sistemáticamente algún tipo de trabajo (sea para el mercado, para el autoconsumo o en el ámbito doméstico) complejiza aún más el panorama. Los contextos se oponen a las condiciones mínimas necesarias para el desarrollo pleno de las infancias, adolescencias y juventudes en pos de un proyecto de vida propio.

No debemos olvidar que la educación se sostiene dentro de un contexto que la posibilite y que permita su sostenibilidad en el tiempo. El acceso a la educación y a espacios de cuidado son claves en el desarrollo de los chicos y las chicas. En el mismo sentido, la alimentación, las condiciones habitacionales y afectivas. Ellos y ellas deben vivenciar y permanecer en espacios que les brinden seguridad y contención para que sea posible su desarrollo integral.

Los recorridos educativos en todos sus niveles dejan huella, las experiencias educativas generan insumos para el desarrollo pleno y para toda la vida, son recursos de los que cada niño, niña y adolescente puede valerse a lo largo de toda su trayectoria y en los distintos espacios en los que habite. Por todo esto, y mucho más, es prioritario que el Estado garantice el acceso a la educación y un contexto para que su sostenibilidad sea posible.

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